Estimados señores de la clínica:

Estimados señores de la clínica:

Estimada clínica Rotger y equipo,

Me dirijo a vosotros para tratar de transmitir, desde el agradecimiento y la humildad, también mis miedos con el fin de ser constructiva y quizá poder hacer reflexionar a alguien.

Ponerse una en la piel de paciente no es fácil, de hecho, es una de las cosas más complicadas de la existencia, a mi modo de ver. No solamente pierdes el control absoluto sobre tu vida y tu persona, sino que en ocasiones como la mía actualmente, además lo haces con dolor, por segunda vez, sabiendo lo que viene (eso es un arma de doble filo, en efecto, pero el filo malo es muy malo…).

Haber potenciado y convertido la clínica en puro negocio Quirón no ayuda, yo sigo recordando nuestra Rotger con sus monjitas cariñosas, con si humanidad, cuando llevaban leche con galletas y abrazos, bromas y caricias a mi abuelo y mucha esperanza. Pero no solamente eran las siervas de Dios, que podrían estar justificadas, sino en general. Era como estar en una casa, personal y cálida, que sosegaba el proceso, fuera cual fuera. Ingresar en hospital no suele deberse a algo leve que uno pueda gestionar en la paz de su hogar, siempre es algo más complicado en lo que dependes de terceros y debes ponerte en sus manos.

Ahora el trato es frío, impersonal, pragmático y económico. Y en este lado de la película, eso es terrible y complica mucho nuestra lucha por resaltar una actitud positiva que nos ayude en tremendo proceso.

Señores Rotger, es cierto que su hospital tiene las mejores tecnologías, los mejores especialistas, instalaciones óptimas, mucho equipo humano, buena localización, incluso vistas… Es verdad que ponerse en sus manos es prestigio, es profesionalidad, es resolución, es tranquilidad… Pero necesitamos su humanidad.

Cuando una persona está enferma, dolorida, preocupada, asustada, y tremendamente cansada no puede desplazarse como he hecho yo 7 veces para pruebas y burocracias que podrían resolverse ingresándome unos días antes de mi intervención y realizándolas mientras palian mi dolor, pero claro, yo no sería rentable.

Cuando una persona está angustiada y se rompe en pedacitos con el diagnóstico fatal, como en mi caso, de tener que paralizar su vida y arriesgarla por segunda vez, un gesto, un abrazo, un consuelo cariñoso, un aliento de ánimo no estaría de más, pero claro, enviar un detalle consolador personalizado o humanizar el encuentro es inviable, no sería rentable ni económicamente, ni supongo que objetivamente.

Cuando una persona está en la incertidumbre sobre su propia vida, sobre los procesos, sobre lo que ocurrirá y cómo ocurrirá, sobre el dolor, sobre riesgos y ventajas, sobre incluso sistemas y herramientas que se usarán y su agresividad en el cuerpo y mente, sobre los efectos secundarios… una reunión o carta informativa de aliento y explicación cara a cara cambiaría la percepción de seguridad y confianza, la actitud, pero no sería rentable.

Señores salvadores, yo confío en que me salvarán de nuevo, si, pero podrían salvar también mi presente para mejorar mi futuro, el mío y el de todos los pacientes, porque eso marcaría tremenda diferencia, y les aseguro que, a la larga, les sería mucho más rentable.

Me llamo Marta Bonet, tengo 46 años y muchos sueños, muchos objetivos, muchas ganas de vivir. Soy Marta y tengo mucho sentido del humor, me gustan las personas, soy cálida y comunicativa, soy amor, y así mismo quisiera ser tratada, y sentirme humanamente rentable.

Gracias, atentamente,

Una paciente más.

Miedo

Miedo

Todos sabemos que el miedo es un mal aliado, porque paraliza, porque boicotea sueños, porque genera dudas, porque mata mariposas… pero a veces es también necesario, porque activa la prudencia, la razón, la planificación, la sensatez…

Yo no sé si es bueno o no ahora, pero lo siento, no puedo evitarlo. A pesar de luchar por ser positiva, de reflexionar en positivo, no puedo evitar sentir la punzada del miedo también, supongo que es natural.

En esta segunda ocasión el dolor previo ha sido mayor, de hecho, llevo desde el día 4 con morfinas y corticoides, lo cual es ya demasiado tiempo. Por eso, anteayer decidí dejarlos, y hoy he tenido que volver a consumirlo con el primer café porque no resisto este dolor. No he dormido, ahora mismo son las 5 de la madrugada y llevo de nuevo ya dos horas en pie, como casi cada día desde que comenzó esto en Semana Santa. Quizá la falta de sueño y el dolor agudo influyen en mi ánimo y mis miedos, y que esta vez me esté costando un poquito más ser positiva como normalmente soy, y no, no quiero, quiero afrontar esto con buena actitud de nuevo y quiero transmitirlo, pues eso, además, puede ayudar a otras personas. Estar oscura no, no ayuda a nadie, empezando por mi misma. No obstante, estoy irascible.

Por eso, lucho por combatir mis terrores con mis pequeñas rutinas, con mi escritura, y con mis redes sociales que me ayudan a recibir energía tan bonita que me empuja, gracias a todos vosotros. Desde un mensaje de aliento cariñoso, hasta los regalos bonitos y sorpresas físicas que me hacéis llegar algunos de vosotros, me siento acompañada, me siento parte de una comunidad que, a pesar de que el momento social actual es complicado y de tendencia escaso en valores y principios en general, si que es cierto que el ser humano en situaciones de crisis y viendo el malestar de otro ser humano sacamos humanidad y empatía, y nos solidarizamos. Por lo tanto, compartimos miedos y eso, es más llevadero. GRACIAS

Son las 5 de la mañana y se me atragantan las palabras, se me hacen nudo, las intento vomitar como siempre pero se me resisten, cada día estoy más cansada.

Tengo miedo si, pero no dejaré que pueda conmigo, porque en realidad yo siempre me he crecido ante las adversidades, siempre he sido fuerte, una superviviente y una guerrera y no de pose, sino de las que batallan. Mi vida siempre ha sido batalla, nunca tranquila, cada vez que superaba un combate aparecía el siguiente. Con mis 46 años ahora tengo muchas cicatrices, pero también muchas vivencias y experiencias para manejar las trifulcas de la vida, estoy más cansada, más mayor, pero sigo siendo una buena guerrera y esta vez, también lo volveré a ser, y trataré de hacerlo con una sonrisa. Hay que sonreirle a la vida, porque sabe lo que hace. Porque las pruebas y retos que te pone tienen un por qué, y siempre te enseñan cosas y te curten, y te hacen mejor persona.

El camino de la batalla es duro, por supuesto, te lastima, te deja marcas, pierdes a gente por el camino, te deja traumas en las emociones…, pero también te muestra cómo sanar las heridas, te fortalece, te enseña humildad, deja en tu vida a la gente que sí debe estar, y hace que tus emociones sean más puras y bellas y las asienta. Te hace reflexionar, te produce fe, te hace luchar por el futuro, los sueños, los objetivos, las ganas…

Todo irá bien. ¿Me ayudáis a combatir el miedo?

  • Así que no temas, porque yo estoy contigo;
    no te angusties, porque yo soy tu Dios.
    Te fortaleceré y te ayudaré;
    te sostendré con mi diestra victoriosa. Isaías 41:10

Desde mi jardín ahora mismo:

El primer café de la mañana

El primer café de la mañana

Son las 4:47 de la mañana, y ya llevo un rato en pie. No aguanto la cama, aunque tengo mucho sueño. No aguanto este dolor constante y metálico, que me pinza todo el lado derecho del cuerpo, por lo que me levanto con el lado izquierdo literal, y figurado.

Me preparo despacito el primer café de la mañana en cafetera italiana, porque se me ha estropeado mi preciosa y valiosa cafetera Ascaso de brazo, con la que muelo el café y lo prepara expreso, cremoso, potente, con cafés de especialidad, con un ritual que me hace empezar los días a mi manera favorita. El café es importante para mí, mucho. Y es curioso como en estos momento, simplemente apretar la cafetera italiana me supone un proceso doloroso, pero más doloroso sería para mí no tomar mis cafés, ni realizar mi ritual de «buenos días». Ojalá pronto pueda repararla, o conseguir otra buena máquina, para mí es muy importante.

El café hoy lo tomo en mi rincón del jardín, con banda sonora del despertar de los pajaritos, y de este sábado de reflexión pre-operación. Es un fin de semana de introspección, pues el lunes me enfrento al quirófano, y todo puede ocurrir, y tampoco sé cómo será esta vez el proceso luego. No obstante, no voy a dejar que me pueda el miedo, para nada, aunque debo reconocer que esta vez quizá estoy más cansada, más mayor, más pesada, más frustrada, no sé, pero me está costando un poquito más sacar todo mi optimismo, y esa es precisamente mi reflexión de este fin de semana, la que quiero hacer, puesto que no me está gustando por donde voy en mi estado de ánimo y deseo corregirlo. Quiero ser yo y ser positiva, no esto. Si, a veces es necesario permitirnos flaquear, es humano, es natural, pero ya está, ahora quiero encauzar mi camino y hacerlo bonito de nuevo. Supongo que la diferencia esta vez también es el dolor, puesto que cuando lo sufrí hace 5 años no sentí el mismo nivel de dolor previo y largo, como esta vez, y el dolor y la falta de sueño, no poder dormir, agotan y agrían el carácter. Pero yo no soy así, y no quiero ser así, por lo tanto, este fin de semana voy a aprovechar mis rincones de pensar (como el de la foto de mi casita) para regañarme, para buscarme y encontrarme tal cual quiero ser y afrontar esto: con mi fuerza, con mi sentido del humor habitual, con mi positivismo y con mi manera de ser de buscar siempre la parte bonita de todo, de crear belleza, de transmitir amor. Con mi yo real, no este yo impostor que se me ha colado en el momento.

Perdonad si esta vez me está costando un poquito más.

La guadaña

La guadaña

Se encoge la entraña cuando ves la guadaña. No se acerca, la oyes pasear y murmurar, y no se refleja en el espejo. No quieres que se enoje, que quede lejos, que no acongoje los tormentos ni camine hasta más adentro. Allí está bien, en la distancia, con la mirada rancia, con el va y ven de su silencio. Tras la capucha nos escucha, nerviosa, rencorosa, aguardando el momento donde la prosa torne lamento e impulso y ya no ande, corra al encuentro, y tosas, y le eches un pulso, y sientas muy adentro que estás a su merced en un cuerpo de papel, a su querer, orando por no merecerlo, por no saber, y que se calme en su hacer. No me da miedo, sentir terror no puedo, no debo, no hay honor en querelo, ni espero merecerlo. El miedo paraliza, no es una baliza, es un tormento, no te deja pensar ni respirar, no te deja brillar, y ella lo sabe, y sonríe, inestable. Ella lo huele, lo pide, lo quiere, lo suele, se alimenta de ello y quiere morder tu cuello con impaciencia, con prudencia, sin ciencia. La guadaña se mueve, tiembla, revuelve y siembra. No vendrás, no te acercarás, no podrás, no te temo, no te anhelo, no quiero tu duelo, ni tu consuelo…

El tiempo…

El tiempo…

Dice Tólstoi que los dos guerreros más poderosos son la paciencia y el tiempo.

Nunca he sabido controlar mi paciencia, directamente no tengo, y es una de las cosas que más me ha hecho sufrir en la vida y que menos he aprendido. Y el tiempo, para mi siempre ha sido tan relativo… no tiene sentido ni lógica. Un minuto pueden parecer horas, eterno, una hora puede resultar tan escasa, o, como ahora, dos semanas a la espera de una operación que me quite este dolor y me clarifique mi futuro, que me parecen tan largas por un lado, por la pesadez de la dificultad emocional, por el miedo, y tan poco tiempo como para asimilar y preparar, por otro.

Supongo que el tiempo contesta preguntas, o hace que no importen las respuestas; que es el mejor aliado en cualquier caso. El mejor maestro.

Supongo que lo más valioso que alguien te puede dedicar, es tiempo. Pero ojo, no tenemos poco tiempo, desperdiciamos mucho o ponemos el interés en las prioridades equivocadas. Administrar el tiempo es siempre una cuestión de interés.

El tiempo es el espacio entre nuestros recuerdos. Hay un poema británico, de Linda Ellis, que siempre me ha parecido precioso y muy significativo: The Dash (el guión) y habla de que lo realmente importante en tu lápida es el guión que une las fechas de nacimiento, y muerte.

El tiempo también pone a cada uno en su lugar, la mayoría de veces.

Hay que tener presente que el tiempo es el gran maestro, pero va matando a sus discípulos. La vida no es un ensayo: es la película, y es efímera.

El tiempo todo lo cura, ¿o el tiempo todo locura? Ambas.

Como decía Lennon: la vida es aquello que pasa mientras estamos haciendo otros planes. Cuidado. O como decían los Rolling: El tiempo está de mi lado…

Supongo que siempre está de nuestro lado, porque resuelve, porque coloca, porque ofrece, porque escoge, porque demuestra, porque refleja, porque explica, porque certifica, porque decide, porque guía, porque enseña, porque…

Espero que el tiempo esté realmente de mi lado, que me hayan cogido a tiempo los doctores, que el tiempo de recuperación sea breve, que el tiempo me cure bien, que el tiempo me ayude en todos los sentidos…

Dos años, dos semanas, dos días, dos horas, dos minutos… al final cuenta que es una vida, un corazón, una oportunidad, una misma… un solo tiempo, dure lo que dure.

Encrucijadas y Neuralinks

Encrucijadas y Neuralinks

Cuando una decide hacer públicas estas cosas, contar su historia, se expone a todo tipo de opiniones, percepciones, comentarios, aportaciones, sumas, restas… No obstante, ya lo he dicho muchas veces, mi naturaleza es comunicativa y a mí, contar mis cosas, me ayuda a pesar de siempre ser un arma de doble filo.

Hoy ha ocurrido algo que me ha puesto patas arriba sobre todo, los miedos e inseguridades, y estoy lidiando con ello.

Esta tarde me han llamado de la consulta de mis Dres. Olabe, una persona de su equipo de secretarias. Muy amablemente me ha transmitido que los Dres. le han dicho que debo contratar una nueva tecnología indicada y conveniente para mi caso, aunque no imprescindible, para la intervención de este mismo lunes, que no incluye mi seguro. Tiene un coste muy elevado. No obstante, no me han dado mayor información, solamente un nombre: Neuralink. Como es natural, ha activado mis alarmas, mis miedos, e inseguridades, y he exigido que me llamen los Dres. para informarme como es debido, puesto que es mi vida la que está en riesgo y he de tener toda la información de primera mano, claro. No me han llamado. A raíz de este suceso, he activado mi investigación y comunicación, como siempre, entre mis redes y contactos, para tratar de esclarecer más sobre esta tecnología robótica, y saber si estamos hablando de una mera acción comercial, o realmente es necesaria, vital, conveniente o recomendable. Se trata de una creación de Elon Musk

Agradecida y abrumada por la avalancha de mensajes, y vaya por delante que me siento honrada y halagada de tener tanto tanto cariño y respeto cerca de tantísima gente, he filtrado respuestas profesionales y personales de extrema confianza, aun si perder de vista las demás opiniones.

El tema ha derivado en que tengo una mezcla de emociones nueva, que antes no tenía, puesto que muchas de estas recomendaciones de primer grado ahora me comentan que debería pedir en general una segunda opinión dada la gravedad de mi caso, cosa que ahora me resulta inviable porque no tengo ni capacidad de reacción, ni tiempo, ni tampoco puedo sostener más el dolor y alargarlo. Eso, unido a que los Dres. Olabe me merecen el respeto profesional a su trayectoria y prestigio, que además ya los he vivido una vez en mi anterior episodio hace 5 años, y que son reconocidas eminencias, creo que mantenerme en el camino es lo correcto. Aún así, si que es cierto que ellos ahora generan dudas en su sector que antes no generaban, debido a que tienen un volumen de trabajo desbordado por su reputación y posición, y ahora si se habla de sus «fallos» burocráticos, de comunicación, e incluso técnicos. Obviamente estoy preocupada, con este tema, antes no lo estaba, ayer, pero hoy si. Además, no me parece que hayan actuado con humanidad y solidaridad hacia mi, pues no se han puesto en la piel del paciente en el sentido de que un tema tan complejo y delicado deben comunicarlo ellos directamente, y explicarlo, no a través de una de sus secretarias que carece del conocimiento técnico, profesional y moral para comunicar una cosa así que requiere tamaña decisión. Este hecho me genera dudas potentes, incomodidad, y cierta desconfianza, y eso, agrava incluso mi dolor, pues estoy tensa ahora mismo. Por ello, volviendo a la Neuracosa, o Neuralink, el protocolo que han seguido tampoco me parece adecuado, pues sigo esperando una explicación coherente y clara por parte de ellos sobre una decisión tan importante, y tan costosa.

La verdad, no sé muy bien que hacer, y tampoco tengo mucha energía para ahora luchar un nuevo proceso. Supongo que tendré que confiar, ponerme en sus manos el lunes, y dejarme llevar a lo que tenga que ser.

A veces, levantar la liebre y comunicar abiertamente es lo que tiene, saturación de respuestas contradictorias. ¿Y cómo se filtra esto en una situación tan delicada donde literalmente te juega la vida?

Estoy asustada, si, mucho.

Tirando de hilos cercanos (gracias Juan, mi Pepito Grillo) he conseguido acceder a la máxima autoridad de manejo del Neuralink, y estoy esperando que me de respuesta e información para tomar decisiones.

Con este nuevo vómito de palabras, además de desahogo, solamente pretendo exponer la dificultad de este proceso, mi día a día, para yo sentir que lo saco fuera y también por mi forma de ser, y además, por recabar información vuestra que pueda ayudarme en las decisiones, percepciones, pues la información siempre es poder. Además, reitero que si mis experiencias y vivencias pueden de alguna forma ayudar a otros, es lo que más feliz me puede hacer en el mundo.

¿Neuralink si, o neuralink no? Dios mío, las encrucijadas… ¡Qué difíciles son!

Caminar en el dolor

Caminar en el dolor

Dolor es una gran palabra, que abarca muchas cosas, pero sobre todo, comprende una falta de control que es lo que diría hay que trabajar primero para evitar nuestras propias auto represalias conscientes, e inconscientes, y su desarrollo en positivo.

Porque nuestra batalla por evitar el dolor se convierte muchas veces en un esfuerzo inútil, y eso es muy duro de gestionar. El sentimiento de fracaso en esta lucha contra el dolor nos genera, inicialmente, impotencia y un estado de irritación que influye en nosotros y quienes nos rodean.

Si sufrir dolor nos impide nuestra actividad normal, puede llegar a generarnos un sentimiento de inutilidad y de no ser necesarios para los demás, de una especie de desprestigio y fallo de cara a uno mismo y a la galería, de flaqueza, de frustración y eso es también complicado de digerir. En caso de que nos esforcemos en luchar contra ello para que nada cambie, si combatimos por mantener nuestra actividad y vida socioeconómica por encima de nuestras capacidades, podemos llegar a intentar mantener niveles de actividad similares a los que teníamos cuando no sentíamos dolor y en realidad eso estará muy por encima de nuestras posibilidades actuales, lo cual provocará un incremento de ese dolor, un empeoramiento, y entramos en bucle.

De ahí la búsqueda de reflexión para gestionar el dolor de la mejor manera posible, y desde todas las perspectivas: física, supervivencia, emocional, psicológica, social, económica, e incluso desde el mismo ego.

El dolor paraliza todo, no te permite dormir, no te permite pensar con suficiente claridad, te hace lento y espeso, no te permite relacionarte bien, no te permite prestar atención a casi nada, no te permite comer bien, no te permite estar guapa… y todo ello deteriora el amor propio, la seguridad, la paz, y la perspectiva. El dolor cansa, agota.

La actitud siempre hace mucho, eso está claro, pero resulta difícil potenciar la parte buena del dolor cuándo lo padeces. No obstante, también la tiene, y es muy potente, así que me he propuesto hacer ahora un ejercicio para reflexionar sobre este aspecto del dolor, puesto que intento que todo mi proceso se vaya basando en la parte positiva y eso me ayude a combatir mi momento mejor y con más actitud. ¡Vamos allá!

1· El dolor en primer lugar te ayuda a diagnosticar el problema, a detectarlo e identificarlo. Si no sintiéramos dolor, podríamos no estar a tiempo o empeorar mucho nuestra situación, por lo tanto, el dolor es un agente protector

2· El dolor te hace reflexionar. Provoca una pausa forzada y te hace pensar en ti, y eso bien aprovechado es también bello y necesario.

3· Te muestra tus límites, te da un golpe de humildad, te marca capacidades, y te enseña a combatirlos y superarlos, clarificando fortalezas y debilidades propias. De alguna manera, te pone en posición analítica, tanto racional como emocional, y te hace hacer una especie de DAFO y de plan de gestión de uno mismo y la nueva situación presente, con los matices de nuevos futuros etc.

4· Te muestra otro orden de prioridades mucho más coherente, realista, y te ayuda a ordenarlas en tu pensamiento, emociones y vida.

5· Te muestra mucho más clara la felicidad, y despeja caminos en los senderos de futuro, enseñando mejor lo que no quieres y lo que si, magnificando filtros.

6· Te hace centrarte en el presente y valorarlo más, sentirlo más, observarlo más, beberlo y aspirarlo con entusiasmo.

7· Mejora tus relaciones personales. El dolor hace que tus relaciones sean más comprensivas, empáticas, valoradas, respetuosas, afectivas y maduras. Más necesarias también. Incrementa tu generosidad, la capacidad de pedir perdón, la humildad y ayuda a expresar más el amor. También ayuda en filtrar lo que no suma, lo que daña, o lo que no comulga con los valores o principios de uno mismo en ese sentido.

8· Eleva la bondad y los valores , la empatía, la comprensión, la solidaridad, la compasión…

9· Te hace más maduro, más consciente, más asentado

10· Te enseña a valorar y mirar pequeñas cosas bonitas del día a día, que quizá en la vorágine pasaban desapercibidas y en realidad, conforman la felicidad y el bienestar

11· Provoca un estado de consciencia sensible superior y despierto

12· Motiva a la lucha por superarlo y a los propósitos, pero con cambios reales, pues cuando le ves las orejitas al lobo la cosa cambia de verdad, y esculpe nuevos aspectos de tu persona generalmente más positivos

13· Te hace valorar más a las personas a las que quieres, y que te quieren, y las hace mucho más bonitas

14· Despierta la creatividad, puesto que buscas maneas de distracción mental y ocupación, válvulas de escape

15· Te enseña a pedir ayuda, a dejarte mimar, a dejarte querer, te muestra con humildad que nadie es autosuficiente del todo y que la humanidad es imprescindible y muy potente

16· En mi caso, además, me muestra nueva música, pues es importante en mi mundo y la utilizo también como terapia. La música es una buena medicina para paliar el dolor.

Pasito a paso en mi dolor….

Y me doy cuenta que podía seguir desgranando cosas buenas sobre el dolor, y me parece precioso…