Feliz cumple mes…

Feliz cumple mes…

Ya hace un mes que me volvieron a operar de la columna, y he decidido celebrarlo.

Quizá os parecerá una celebración más bien boba, y lo es, pero tras esta pequeña gran acción hay mucho más para mi. He escogido hacerme un regalo que significa comenzar con creatividad controlada, un pasito más al ánimo, la belleza, la superación, y una manera de crear algo en piloto automático porque mi piloto aún no está pleno, y es una manera de darme una pequeña golosina que me ayude a volver a despegar. Además, siempre me han gustado las puertas bonitas y rústicas, simbolizan la apertura al hogar que quiero, lleno de belleza y flores, elementos naturales y bienvenidas entre privacidad, donde se abren o no, según quién esté al otro lado. Se trata de toda una reflexión trascendental.

Mi dolor sigue latente, aún me queda un rato, no puedo realizar grandes hazañas (aún) pero puedo colorear momentos. Las noches son duras y por consiguiente, estoy tremendamente cansada, desconcentrada, rara, y por eso pintar con guía me puede ayudar a centrar pensamientos y relajar neuronas, y descansarlas, para reactivarlas progresivamente y sentirme bien.

Sigo luchando por levantar la espalda y el ánimo cada día, poco a poco, paso a paso.

¡Feliz primer mes de otra oportunidad!

Paciencia

Paciencia

Dios mío dame paciencia… ¡pero dámela ya!

Todo aquel que me conoce bien y me aprecia me dice lo mismo, que no tengo paciencia y que esta es la lección que la vida me ofrece por segunda vez, con esta experiencia y otras que me pone en el camino, y puede ser, el caso es que es una de las lecciones que más me cuesta aprender, sea como sea.

Tengo paciencia para algunas cosa, pero en general, no, no es mi fuerte. Vamos a investigar un poco más:

 

 

 

 

Representación renacentista de la paciencia.
«La constancia valerosa que se opone al mal, y que a pesar de lo que sufra el ser humano no se deja dominar por él»

Dicha palabra proviene del latín pati, que significa sufrir. De hecho el participio patiens se introdujo al castellano como paciente (en los hospitales) o «el que sufre».

Aristóteles en sus Éticas alude a esta virtud como:

«El equilibrio entre emociones extremas o punto medio: metriopatía. Con ella se consigue sobreponerse a las emociones fuertes generadas por las desgracias o aflicciones. Para ello es necesario un entrenamiento práctico ante el asedio de los dolores y tristezas de la vida, una poliorcética, que fue desarrollada por filosofías posteriores, en particular el estoicismo».

La paciencia es un rasgo de personalidad prudente. Es la virtud de quienes saben sufrir y tolerar las contrariedades y adversidades con fortaleza y sin lamentarse. Esto hace que las personas que tienen paciencia sepan esperar con calma a que las cosas sucedan, ya que piensan que las cosas que no dependan estrictamente de uno, se les debe otorgar tiempo.

Santo Tomás de Aquino considera no solo la actitud paciente, sino el hábito que facilita mantener esa actitud:

«La paciencia es una virtud que se relaciona con la virtud de la fortaleza e impide al hombre distanciarse de la recta razón iluminada por la fe y sucumbir a las dificultades y tristezas».

Quizá si, es el aprendizaje que debo hacer en esta vida, mi talón de Aquiles, algo que me provoca reacciones y acciones que me dificultan muchas cosas, porque no sé aguardar, esperar, gestionar emociones de forma paciente. Es muy probable que mus dolencias en la espalda sean por este peso, por acarrear esta carga que conlleva no ser paciente y esperar que el tiempo ocurra y discurra en cada proceso. Todo en la vida tiene sus tiempos, ahora estoy en el tiempo de la sanación y en efecto, debo tener paciencia para no saltarme los tiempos necesarios para ello y que eso provoque fatales consecuencias.

La cuestión es que debo aprender a esperar, y hacerlo con la mejor actitud en el proceso. No es solamente el resultado de esta enseñanza de vida, sino el mientras, el durante, y cómo lo encaro.

Si quiero disfrutar de las flores, debo saber esperar, y debo regarlas bien mientras tanto…

Mis flores pacientes – SD 480p

Dos semanas de mi operación

Dos semanas de mi operación

Dos semanas hace, si, pero a mi me parecen siglos… A pesar de que todo está siendo rápido, pues comencé con dolores antes de Semana Santa, el Jueves Santo 28 de marzo fui a urgencias por primera vez, el lunes 15 de abril cursé mi baja laboral ya con dolor insoportable y el lunes 22 de abril me operaron, a mi se me está haciendo pesado y largo… pero en realidad, dependiendo del prisma y la perspectiva, es poco tiempo.

Sigo con bastante dolor, dolores diferentes: las cervicales y el lugar de la operación, el corte en el cuello por donde me intervinieron que está totalmente inflamado, el lado derecho de mi cuerpo donde sobretodo el brazo sigue con los nervios pinzados, el estado de ánimo que también está pinzado, mi ojo derecho y lado derecho de la cara que hace unos días está inflamado por una estúpida casualidad que, gracias a Dios, nada tiene que ver con los nervios, la energía cansada…

Esta vez me está costando más tener la actitud optimista y social, esta vez, me he convertido en un bichobola. No lo puedo evitar, es el ánimo que tengo, a pesar de mis reflexiones. Y os aseguro que reflexiono, y busco la parte bonita de todo esto, pero esta vez se me hace más pesado verla. Eso compite con mi esencia, pues casi ni me reconozco, no estoy segura de que me ocurre dentro, pero puede ser también una secuela de mi proceso y supongo que también tengo derecho a flaquear, aunque no esté acostumbrada.

Tengo muchas personas y cosas bellas a mi alrededor, soy consciente y estoy agradecida, pero no saco ánimos para expresarlo y para sentirme mejor. Me preocupa, pues sé que la actitud es parte importante del proceso, y quiero encontrar ese ánimo, pero ¿cómo?

Creo que en este tipo de situaciones sería importante el apoyo psicológico y el seguimiento también, mucho, pues no solamente cuenta la sanación física, sino la emocional y mental cobran la misma o más importancia. Pero nos dejan a nuestra suerte, para lidiar con todo, solos, y con sensación de abandono por parte del ecosistema de salud que nos atiende, y me parece algo grave y delicado. Ojalá este presente que vivimos valorara más a las personas, y a las emociones, y no nos hubiéramos convertido en fríos, en dinero, en especulaciones y negocio, en asuntos… Ojalá mis doctores, la clínica Rotger donde me han atendido por segunda vez con un cuadro como el mío, con notas en rojo en mi expediente de “alto riesgo de tetraplejia”, fueran razón suficiente para intuir que este trance es traumático para mi y me ofrecieran acompañamiento psicológico por defecto, pues es lo que quizá el paciente no solicita por creerse más fuerte de lo que es y es recomendable, incluso imprescindible a su lucha y recuperación.

¿Por qué nos olvidamos de cuidar nuestros dolores emocionales y nuestras almas como cuidamos nuestros dolores físicos?

Supongo que pensaréis que si es el caso debo pedirlo y buscar esta ayuda, pero comenzar ahora otro proceso médico de listas de espera interminables, procesos burocráticos etc. no es lo que necesito, y mucho menos por alguien externo a mi situación. Creo que debería estar sincronizado con mis neurocirujanos y con el historial de mi caso puesto en común entre ellos y el profesional que me asignaran. Pero claro, supongo que eso sería en un mundo ideal figurado en mi mente…

El día 17 tengo cita con ellos, y a pesar de que me reciban con la frialdad habitual de los cirujanos exitosos que hacen la extraordinaria labor de operar a tanta gente, y de realizarlo con el tremendo éxito que marca su prestigio, trataré de transmitir mis emociones. Quizá consiga defender o despertar alguna reflexión en ellos, quizá les evoque o traslade a algún instante “Ratatouille” en alguna vivencia propia o de algún ser querido por ellos y pueda hacer que comprendan que, además de pedacitos de carne y desenlaces físicos exitosos, nuestras cicatrices por dentro y por fuera son muy humanas y complicadas de gestionar, y nos hemos puesto en sus manos totalmente perdidos y sin ningún control de la situación, y eso, es duro y frustrante, y necesita humanidad y empatía también.

Ya sabéis que este lienzo es un vómito de emociones y reflexiones, simplemente eso, y me ayuda a ponerlas en orden…

Gracias amigo, de San Nicasio al corazón, la mejor medicina…

Gracias amigo, de San Nicasio al corazón, la mejor medicina…

Y de repente llega un momento “Ratatouille” y tu mente viaja a un momento del pasado, uno de esos que son sensacionales, donde querrías estar, paseando con mi amigo por las callecitas blancas de Priego, que lo llenan las emociones y las personas que lo componen, y se te dibuja una sonrisa.

Es cierto que esta segunda experiencia con mis malditas vértebras me tiene esta vez compungida y muy enfadada, me cuesta buscar mi optimismo habitual, pues también estoy agotada de sentir dolor constante.

Pero el cartero llama a mi puerta…

Y de repente aparece alguien de ese momento “Ratatouille” y te recuerda que, efectivamente: “En los momentos difíciles a veces la felicidad la encuentras en las cosas pequeñas….” y encima te añade una coletilla muy suya:

“Marta, ponte buena, del tó, pa siempre”

Y entonces sonrío y pienso, en efecto, tener duendecillos como José Luis en mi vida es de esas cosas tan tan bonitas que todo cobra sentido, que merece la pena, que se disipan los males y que algo como mis patatas preferidas, las de San Nicasio, cambian mi perspectiva. Hoy mi estado de ánimo se refuerza porque esta caja que acaba de llegar a mi casa viene llenita del amor más puro: el de la empatía y de una ración de lo más valioso que tiene una persona, el tiempo y las ganas de invertirlo en proporcionar una sonrisa tierna y un momento de absoluta certeza de que ahí fuera, queda mucha humanidad, personas preciosas, y sentimientos bonitos como la amistad que mueven todo, que son el motor de la vida, que marcan el amor como la mejor medicina.

Gracias amigo, ¡no sabes cuántas! Aunque no lo creas y parezca desmesurado, esto es una parte muy importante de mi recuperación. Un golpe de humildad y resiliencia, de reflexionar, que lo necesitaba como el aire, para seguir guerreando con fuerza y positividad.

Gracias amigo, de corazón.

Una semana…

Una semana…

Hoy hace una semana que estoy en casa tras mi operación. Sinceramente me parecen meses…

Esta vez está siendo diferente también a nivel emocional, quizá no me siento tan bien, fuerte o positiva, no lo sé, pero lo estoy encajando peor.

Siento necesidad de estar sola, de sentirme acompañada, pero en la distancia, de estar sola en casa. De hacerme bichobola, en mi rinconcito. Es como si estuviera agotada de ser siempre fuerte, positiva y llena de polvos de hada, ahora necesito flaquear y sentirme casi casi miserable, y regodearme un poco en mi lamento, que también está bien, que también soy humana.

Estoy enfadada con mis cervicales, con mi dolor, con mis médicos o conmigo misma, no lo sé, pero el caso es que estoy furiosa. Y no quiero que nadie me vea así.

Hoy además me he despertado, por si no tuviera poco, con un ojo totalmente hinchado y más dolor, no sé si con un orzuelo o qué. Me duele toda la parte derecha de la cabeza y cara y me preocupa que pueda tener que ver con la situación de mi sistema nervioso derecho, o si tan sólo es la mala suerte combinada con un orzuelo o picadura o algo ligero pero vistoso y doloroso…

Parece que mi cuerpo se resiente y me pone freno, pero no entiendo las señales. ¿Por qué?

Estaba en un buen momento, luchando mi cambio profesional con tremenda ilusión, conociendo a alguien (que gracias a Dios se ha reflejado antes de ir a más, por mucho que duela, pero yo estaba muy ilusionada), me sentía delgada y bonita (e incluso acababa de comprar algo de ropa nueva), arreglando cosas en casa para hacerla aún más preciosa… en fin… ¿por qué la vida me está parando? ¿Con qué objetivo?

No lo comprendo, no entiendo el castigo, el aprendizaje, el dolor, tremendo, con nuevas cosas añadidas cada día que me frenan más y más.

Estoy paralizada porque, aunque intelectualmente estoy despierta, el sentir daño constante paraliza también la cordura, no poder apenas dormir dos horas seguidas paraliza el intelecto, la morfina agota las neuronas y movimientos, me vuelve lenta y espesa. Una cosa es escribir por ejemplo estos artículos privados y tardar dos horas, relajarme en mi escritura, pero para realizar otras tareas me siento demasiado pesada y densa. Por el momento poco puedo resolver, y ahora menos, con sólo un ojo.

El día 17 tengo cita con mis neurocirujanos, espero que me puedan dar respuestas a nuevos hábitos, a procesos, a cuidados, o no sé si a medicinas que me ayuden. No creo que este dolor constante de los nervios sea lo normal, no lo sé, pero yo me siento en deterioro, no en evolución. Quisiera que me ayuden a encajarlo y resolverlo. me podrían dirigir a urgencias a ver, pero es que por mi experiencia no creo me resuelva nada un médico general…

La parte psicológica es también densa, porque además de todo me siento con una especie de culpa por no estar activa, positiva y agradecida. Pero no lo estoy, esa es la verdad, y lo siento. No interactúo en las redes ni en privado, no tengo ganas. Supongo que también tengo derecho a hacerme bolita, pero no puedo evitar sentir que fallo a todos.

El haber escogido estar sola en casa es algo que mi entorno tampoco comprende, lo respetan porque no les queda otra, me vigilan y están pendientes en la distancia próxima, pero para ellos es incomprensible y dificultoso también, pero es lo que siento que necesito. Tengo movilidad, más que en la otra operación, me puedo apañar, y no sé explicarlo, no se trata de una falta de humildad de no poder pedir ayuda, de no dejarme cuidar, sino la necesidad de recogerme y estar conmigo misma y digerirme.

Lo siento, me disculpo, esta vez no lo estoy encajando tan bien, pero lo haré, dadme algo de tiempo, pues sólo hace una semana…

Otra cicatriz más…

Otra cicatriz más…

Dos meses antes de descubrir que me había roto de nuevo tenía un amor.

Uno de esos que era precioso, que me adulaba, que me regalaba palabras tan bonitas y me acompañaba de paseo a las nubes, que nada podía salir mal. Uno de esos a los que yo podía ser yo, y darle, y quererle, con todo lo que soy, con todo lo que doy, con todo lo que quiero.

Y me lo había ganado, a pulso, tras mi última terrible experiencia de traición y mentira, de dolor, me había ganado tener un amor bonito y disfrutar los aleteos de las mariposas.

Estaba pletórica, feliz. Estaba conociendo a una persona bonita. Nos gustaban las mismas cosas, hablábamos mucho, nos comprendíamos y hacíamos planes que iban mucho más allá del fin de semana, planes de vida. Él alentaba mi confianza, mi amor propio, y mi amor ajeno. Juntos empezábamos a ser más invencibles, más bellos, mejores personas.

Nos admirábamos con largas tazas de café o copas de vino en nuestro sofá de un rincón favorito o paseábamos a la deriva por las calles bajo la luz de los farolitos, para parar en algún resquicio a robarnos besos. Idílico.

Hasta que caí enferma, que el amor eterno se fue disipando en la indiferencia, hasta el silencio. Nunca supo si sobreviví o si necesité algo, nunca me apoyó o ayudó en forma alguna, no le importó si me sentía bien o mal, si se me complicó, o si sufría, nunca le interesó acompañarme, simplemente se desvaneció, y las promesas de amor incondicional y la certeza que me aseguraba sentir al haberme encontrado se convirtieron en nada, en medio de mi dolor.

Ya no sé siquiera si me duele más la columna o el corazón, no sé si la morfina ha mitigado también eso, pues ya es solamente una bruma de otro sueño que quiso ser y no fue, de otra promesa vacía más, de otra mentira … nunca comprenderé por qué despertó mi amor, sin intención de amarme.

Me ha obligado a lidiar con un dolor más, otra nueva cicatriz donde la rosa de mosqueta no puede suavizar, un dolor que se suma a mi recuperación, donde tenía que estar lo más fuerte posible, donde necesitaba toda mi energía positiva para sobrellevar mi post operatorio, y él, lo ha complicado.

Las decisiones y actuaciones de las personas crean consecuencias, deberíamos tenerlo en cuenta, la empatía debería formar parte de nosotros y nuestras formas de tratar y de actuar. Los valores y principios deberían considerar las conductas y sus consecuencias, el respeto al prójimo, y a uno mismo. Yo no comprendo estos comportamientos, que están a la orden del día. No entiendo muchos comportamientos sociales presentes, y seguramente hago también muchas cosas mal, pero intento ser coherente en pensamientos, sentimientos, palabras y actos. Intento no dañar a nadie conscientemente, nunca, y mucho menos, cuando ese alguien está en un momento tan frágil.

A pesar de todo, espero que la vida le ayude a encontrar esa coherencia, a pesar de todo, no creo que sea mala persona, solamente un cobarde más.

Comparo las dos experiencias

Comparo las dos experiencias

Esta mañana, desde mi habitación con vistas a las Ramblas, reflexiono y comparo mis dos experiencias, que afortunadamente no tienen nada que ver.

Hace cinco años el informe general interno de la clínica ponía una alerta en rojo de alto riesgo de posible tetrapléjica. Lo vi ayer, porque ni siquiera entonces era tan consciente de a lo que me exponía de verdad.

Esta vez no es así. No me han puesto 14 grapas en el cuello, sino varios puntos internos/externos. No me han puesto una prótesis de titanio en una vértebra, sino que han “apañado” lo que me queda de disco. No he estado 5 horas en la operación sino 2 y pico. No me he hospedado 5 días en UCI sino uno y medio. No he estado casi una semana hospitalizada en habitación, sino que creo que me dan hoy el alta (2 días). Puedo andar, y me acabo de duchar sola. Esta vez seré mucho más autosuficiente, y el dolor no es tan potente, de momento (quizá son las drogas, veremos cuando me las retiren). He tenido mucho dolor previo, eso si, más que la primera operación porque esta vez me ha pinzado todo el sistema nervioso derecho del cuerpo y eso duele mucho, pero ahora tras operarme tengo dolor soportable con los tramadoles, corticoides, paracetamoles y enantyums, la otra vez era terrible. Veremos al llegar a casa, sin goteos. Dormir sigue siendo una odisea, eso si, me despierto cada par de horas a lo sumo, y a las 4 ya estoy sentada en la butaca. No aguanto la cama.

Esta vez creo que mi recuperación no durará un año, lucharé por fortalecerme antes. Varios meses no me los quita nadie, porque no voy a arriesgarme, pero esta vez el dolor es más escaso e intelectualmente estoy mucho más despierta, cansada por no poder descansar como toca, pero más espabilada.

Esta vez la recuperación la haré en mi casa, con ayuda de los míos, la otra vez tuve que mudarme a casa de mi madre porque no podía valerme por mi misma. Esta vez quiero estar en mi casa, con ayuda, pero sola si puede ser.

Esta vez he vivido una experiencia más ligera, y estoy agradecida, mucho, porque cuando me dijo mi Dr. que esto se me había reproducido, me asusté mucho, me vine abajo, y esta vez pintaba a que no estaría tan positiva, sinceramente, pero saqué fuerzas y sonrisas y adapté mi actitud, y esta vez, también lo estoy viviendo bonito … ¿sabéis también por qué? Porque me he apoyado en vosotros…

¡Gracias! ❤️

Experiencia Quirón ¿salud?

Experiencia Quirón ¿salud?

Mi noche de ayer en la UCI fue intensa. En lugar de 9 hs desde que menguaron la intensidad de las luces, parece que pasó el triple, se hizo largo…

Y es que se está tan bien cuando se está bien…

Me duelen lugares del cuerpo que ni conozco, y los cortes, pinchazos y posturas también. Pero lo que más duele es la falta de dignidad, control, orgullo… eso es difícil de gestionar. Aunque muestro buena cara, porque para mi una de las cosas más importantes de mi vida es transmitir belleza, contagiar los demás de cosas bellas, convertirles los momentos en sonrisas… Pero no poder ir al baño cuando lo necesitas, no poder asearte, so poder ser coqueta como soy, no poder siquiera levantarme de esta cama, no poder hablar largo y tendido con las personas de allí, no poder saborear algo rico, no poder mirarme a un espejo, no poder hablar con voz por teléfono, no poder leer ni entretenerme más allá del mov sin voz llevar el cuerpo medio desnudo, expuesto, pero no en versión sensual precisamente, cables colgando de las extremidades, pedazos de algodón que camuflan pinchazos, restos de … en fin… parecen banalidades, y seguramente lo son, pero son complicadas de gestionar….

La falta de sensibilidad en algunos tratos (gracias a Dios no todos, hay también almas muy vocacionales y humanas, bonitas, como mi precioso Lucas, Raúl, Clara, o Silvia, Oscar, o Jessica y tantos otros), se nota en el ruido, como si los pacientes no estuviéramos allí. Supongo que se protegen, supongo que su trabajo es tan duro, y no pueden empatizar con el dolor. Supongo que cuando más objetivos son, menos sufrimiento, pero vaya, a veces eso a nosotros, en este lado, nos cuesta… Hoy no he podido dormir apenas una hora seguida, de los ruidos, conversaciones, gritos, risas que acontecían en el pasillo tras mi puerta corredera … a parte de la incomodidad obvia y dolores… de las interrupciones bruscas para alguna prueba o medida (que comprendo necesarias, pero quizá no comprendo bruscas)…

No obstante, también cabe contar que de repente, en medio de todo, aparece una duendecilla como Jessica que le da una vuelta de tuerca a estas sensaciones, y con su corazón y cortesía, mimo y vocación, su trato cariñoso, te hace sentir tan tan bien que de repente te duele todo menos. Gracias preciosa hada por tu trato amable y bondadoso.

O aparece Lucas, mágico y precioso, empático como que más, un médico de corazón, que además me soluciona un verdadero problema implicándose personalmente, este problema si lo cuento resumido aquí, pero traerá cola, pues no lo dejaré estar puesto que me parece muy grave.

Lucas viene ayer a mediodía a mi unidad 1 a la Uci, entiendo que él es el médico encargado de la unidad o el responsable de la misma, y me cuenta que no hay camas disponibles en el hospital y que o me quedaré en Uci hasta que mi cirujano considere, o me darán el alta y a casa. Él no es partidario de eso puesto que no estoy bien y me están reduciendo medicación para ver el dolor real y analizar progreso y consecuencias etc. Cabe denotar también que mis cirujanos no han venido en ningún momento a verme. Él piensa que puede ser peligroso mandarme a casa y no a planta, y empieza a mover todos los hilos que puede.

Me parece absolutamente denunciable señores de Quirón, y así lo haré, debo contar esta historia oficialmente.

No pueden negarme cama, no pueden siquiera plantearse mandarme a casa cuando ni mi médico me ha visitado aún. No pueden poner en peligro mi vida y salud por su economía y/o mala gestión. Mi seguro debe saber que no lo acepto y quedar denunciado para que esté al tanto, lo siento, pero me parece un asunto muy muy grave.

Gracias Lucas porque no sé cómo consiguió una cama en una hab de la 4ª planta pero, sin ánimo de sonar arrogante o sin ánimo de sonar nada, a Lucas me lo gané yo con mi cariño, igual que suelo hacer, y conseguí que fuera subjetivo conmigo como casi nunca suelen hacer. Ese mérito es nuestro, no del sistema, burocracia o gestión del gran Grupo Quirón.

Esta clínica ha sido la clínica de todas las generaciones de mi familia, nacimientos, problemas y muertes. Mi abuela se fue aquí mientras entre morfina organizaba con nosotros uno de sus eventos en sus delirios. Aquí, desde Mare Nostrum, desde la calle General Riera, hemos vivido tanto… las monjitas le pedían allí a mi tía qué postre quería con su cena mientras sufría uno de los hechos más traumáticos de su existencia…

Ahora ya no es, invierte en tecnología pero deja a las personas de lado, invierte en instalaciones pero no nos dan habitación cuando la precisamos, invierte en médicos de prestigio y renombre pero no nos reciben con agilidad porque ese prestigio precisamente los tiene saturados…

Ya no somos personas, somos dinero. Es muy triste señores, y muy tangible. Lo estoy viviendo.

No creo que fuera la idea que, en 1944, el Dr. Ramón Rotger Moner y su esposa Dª Catalina Salas tuvieran al fundar la Clínica Rotger original. Pero si Fernando Rotger y Rosa María Regí siguen siendo la directiva, a pesar de haber vendido junto a Clinica Planas a los alemanes de Helios, si de veras se han quedado al frente, deberían estar al tanto de estas situaciones y seguir humanizando, si es que es eso posible ya… ¿o solamente se han quedado al frente por ego y dinero? Yo creo que no, yo creo que defendieron continuar una gestión que siempre tuvo fama de intachable y pulcra, de calidad, y de humanidad… al menos eso siempre admiré de ellos, incluso cuando quedaron tras la venta…

Quizá encuentre la manera de hablar con alguien que reciba mi historia, y no sea una locución mecanizada al otro lado… veremos…

Comparar UCIs y experiencias

Comparar UCIs y experiencias

Sentada aquí, en una fría esquina de una helada habitación de la UCI, y tratando de hacerme a la idea de donde estoy, lo que he vivido de nuevo, y lo que viviré cuando salga de este letargo camuflado por las drogas y las redes sociales que me tiene en una pequeña falsa euforia. Creo que esta vez ha sido mucho mejor y más leve, pero no tanto, veremos mañana en el despertar…

Eso si, una característica muy muy significativa para mi entre esta vez y la anterior aquí en uci es que en la otra mucha gente sufría, y se escuchaban gritos, llantos, sollozos y lamentos. Eso magnificó mucho mi sufrimiento, por empatía, por los demás casi más que por mi misma. Esta vez no es así. El ambiente de momento en la UCI es relajado y ameno, tanto en pacientes como en equipo, y eso marca una enorme diferencia. Se contagia el buen ambiente y las risas, y todos nos sentimos mejor.

Yo estoy mejor, me duele y me siento apaleada totalmente, sigue mi lado derecho del cuerpo resentido y pinzado, las cervicales resentidas y quejándose , y ahora se añade el dolor del corte en la garganta donde me han intervenido. Además, los pinchazos de pruebas de vías, extracciones de sangre, etc. y la vía existente de donde me gotea este estado de ánimo y falsa euforia.

Llevo también medias médicas muy densas y apretadas para evitar trombos, y también son molestas, y dan calor. Estoy incómoda.

Pero en general, todo está fluyendo bien, sigue su curso y soy una paciente ejemplar. Como he publicado a modo de broma en redes:

He conseguido del mercado negro de cosas bonitas de UCI con mis encantos lo siguiente: dos galletas maria (sin azúcar) + me han dejado ir al baño (no cuña) + me han dejado sentarme un rato + un yogurt desnatado + dos de las enfermeras me han contado confidencias sentadas en mi cama y me ha visitado el celador que me ha llevado a quirófano … ¡Soy una crack!

Nos dejan tener el mov, porque el Dr. dice que eso nos ayuda a sentirnos cobijados y recuperarnos mejor. Y tiene razón, me siento mejor con vosotros, con acceso a poder contaros mis aventuras, compartir, y recibir vuestro cariño y apoyo. La verdad es que me siento muy halagada y honrada, abrumada, es precioso recibiros y sentiros conmigo. ¡GRACIAS! No sé si merezco tanto amor, pero es tan bonito….

Desconozco si alguien me lee aquí también, la estadística dice que bastante gente lo hace, pero no se manifiesta nadie. No es que importe, en realidad este es mi diario, mi desahogo, mi saco se boxeo y mi reflexión, y eso es lo más importante.

Pasaré noche en UCI y mañana me moverán a planta. Espero que allí me sienta también bien, pues obviamente la medicación y cuidados menguan y se despiertan los fantasmas aletargados aquí gota a gota, sueño a sueño….

Mañana os cuento….

Efectos no se si secundarios

Efectos no se si secundarios

Llevo casi 20 días tomando opiáceos, morfina, corticoides… cuando se aconseja un máximo de 5 a 10 días.

¿Dolor vs efectos secundarios?

Pues depende… ayer dejé de tomarlos, porque hace dos días me duelen y sangran las encías; porque tengo hambre voraz y estoy inflada; porque mi pelo, uñas y ojos ya no brillan; porque me siento muy abatida; porque me mengua la energía que necesito para ser positiva; porque hoy me operan, y espero no necesitarlos más.

Pasar esta historia no es pequeño, y aunque sea mi segunda vez, una no está preparada para todo lo que conlleva, se prepara minuto a minuto, día a día, para combatir efectos como estos:

Morfinoides: náuseas, vómitos, dolor de cabeza, confusión, pérdida de energía, somnolencia, fatiga, inquietud, irritabilidad, debilidad muscular, espasmos o calambres. hambre, dolor de cabeza, sudoración, temblor de una parte de su cuerpo que no puede controlar, irritabilidad o dificultad para concentrarse. pérdida del conocimiento

Corticoides: incremento del riesgo de osteoporosis, inhibición del crecimiento, debilidad muscular, aumento de peso, aumento del riesgo de infección, diabetes melitus, catarátas y lentitud en el proceso de cicatritzación de las heridas. También alteraciones del humor y del sueño como irritabilidad, ansiedad, euforia, dificultad para dormir o insomnio y, en ciertas ocasiones, también puede ocurrir depresión, pérdida de memoria o disminución de la concentración. Físicamente adelgazamiento de la piel, pérdida de color en la piel y dolor intenso, aparición de estrías rojizas, atrofia de la piel y/o de telangiectasias (capilares).

Pero también hay efectos secundarios positivos, que es en los que quiero e intento enfocar, y que engloban y desembocan en un pensamiento de gratitud y esperanza: estoy viva y la vida merece la pena y es maravillosa, a pesar de todo, y la lucharé en sus efectos primarios: amor, belleza, valores, paz, bienestar, ilusión, sueños…

¡A por todas!

Estimados señores de la clínica:

Estimados señores de la clínica:

Estimada clínica Rotger y equipo,

Me dirijo a vosotros para tratar de transmitir, desde el agradecimiento y la humildad, también mis miedos con el fin de ser constructiva y quizá poder hacer reflexionar a alguien.

Ponerse una en la piel de paciente no es fácil, de hecho, es una de las cosas más complicadas de la existencia, a mi modo de ver. No solamente pierdes el control absoluto sobre tu vida y tu persona, sino que en ocasiones como la mía actualmente, además lo haces con dolor, por segunda vez, sabiendo lo que viene (eso es un arma de doble filo, en efecto, pero el filo malo es muy malo…).

Haber potenciado y convertido la clínica en puro negocio Quirón no ayuda, yo sigo recordando nuestra Rotger con sus monjitas cariñosas, con si humanidad, cuando llevaban leche con galletas y abrazos, bromas y caricias a mi abuelo y mucha esperanza. Pero no solamente eran las siervas de Dios, que podrían estar justificadas, sino en general. Era como estar en una casa, personal y cálida, que sosegaba el proceso, fuera cual fuera. Ingresar en hospital no suele deberse a algo leve que uno pueda gestionar en la paz de su hogar, siempre es algo más complicado en lo que dependes de terceros y debes ponerte en sus manos.

Ahora el trato es frío, impersonal, pragmático y económico. Y en este lado de la película, eso es terrible y complica mucho nuestra lucha por resaltar una actitud positiva que nos ayude en tremendo proceso.

Señores Rotger, es cierto que su hospital tiene las mejores tecnologías, los mejores especialistas, instalaciones óptimas, mucho equipo humano, buena localización, incluso vistas… Es verdad que ponerse en sus manos es prestigio, es profesionalidad, es resolución, es tranquilidad… Pero necesitamos su humanidad.

Cuando una persona está enferma, dolorida, preocupada, asustada, y tremendamente cansada no puede desplazarse como he hecho yo 7 veces para pruebas y burocracias que podrían resolverse ingresándome unos días antes de mi intervención y realizándolas mientras palian mi dolor, pero claro, yo no sería rentable.

Cuando una persona está angustiada y se rompe en pedacitos con el diagnóstico fatal, como en mi caso, de tener que paralizar su vida y arriesgarla por segunda vez, un gesto, un abrazo, un consuelo cariñoso, un aliento de ánimo no estaría de más, pero claro, enviar un detalle consolador personalizado o humanizar el encuentro es inviable, no sería rentable ni económicamente, ni supongo que objetivamente.

Cuando una persona está en la incertidumbre sobre su propia vida, sobre los procesos, sobre lo que ocurrirá y cómo ocurrirá, sobre el dolor, sobre riesgos y ventajas, sobre incluso sistemas y herramientas que se usarán y su agresividad en el cuerpo y mente, sobre los efectos secundarios… una reunión o carta informativa de aliento y explicación cara a cara cambiaría la percepción de seguridad y confianza, la actitud, pero no sería rentable.

Señores salvadores, yo confío en que me salvarán de nuevo, si, pero podrían salvar también mi presente para mejorar mi futuro, el mío y el de todos los pacientes, porque eso marcaría tremenda diferencia, y les aseguro que, a la larga, les sería mucho más rentable.

Me llamo Marta Bonet, tengo 46 años y muchos sueños, muchos objetivos, muchas ganas de vivir. Soy Marta y tengo mucho sentido del humor, me gustan las personas, soy cálida y comunicativa, soy amor, y así mismo quisiera ser tratada, y sentirme humanamente rentable.

Gracias, atentamente,

Una paciente más.

Miedo

Miedo

Todos sabemos que el miedo es un mal aliado, porque paraliza, porque boicotea sueños, porque genera dudas, porque mata mariposas… pero a veces es también necesario, porque activa la prudencia, la razón, la planificación, la sensatez…

Yo no sé si es bueno o no ahora, pero lo siento, no puedo evitarlo. A pesar de luchar por ser positiva, de reflexionar en positivo, no puedo evitar sentir la punzada del miedo también, supongo que es natural.

En esta segunda ocasión el dolor previo ha sido mayor, de hecho, llevo desde el día 4 con morfinas y corticoides, lo cual es ya demasiado tiempo. Por eso, anteayer decidí dejarlos, y hoy he tenido que volver a consumirlo con el primer café porque no resisto este dolor. No he dormido, ahora mismo son las 5 de la madrugada y llevo de nuevo ya dos horas en pie, como casi cada día desde que comenzó esto en Semana Santa. Quizá la falta de sueño y el dolor agudo influyen en mi ánimo y mis miedos, y que esta vez me esté costando un poquito más ser positiva como normalmente soy, y no, no quiero, quiero afrontar esto con buena actitud de nuevo y quiero transmitirlo, pues eso, además, puede ayudar a otras personas. Estar oscura no, no ayuda a nadie, empezando por mi misma. No obstante, estoy irascible.

Por eso, lucho por combatir mis terrores con mis pequeñas rutinas, con mi escritura, y con mis redes sociales que me ayudan a recibir energía tan bonita que me empuja, gracias a todos vosotros. Desde un mensaje de aliento cariñoso, hasta los regalos bonitos y sorpresas físicas que me hacéis llegar algunos de vosotros, me siento acompañada, me siento parte de una comunidad que, a pesar de que el momento social actual es complicado y de tendencia escaso en valores y principios en general, si que es cierto que el ser humano en situaciones de crisis y viendo el malestar de otro ser humano sacamos humanidad y empatía, y nos solidarizamos. Por lo tanto, compartimos miedos y eso, es más llevadero. GRACIAS

Son las 5 de la mañana y se me atragantan las palabras, se me hacen nudo, las intento vomitar como siempre pero se me resisten, cada día estoy más cansada.

Tengo miedo si, pero no dejaré que pueda conmigo, porque en realidad yo siempre me he crecido ante las adversidades, siempre he sido fuerte, una superviviente y una guerrera y no de pose, sino de las que batallan. Mi vida siempre ha sido batalla, nunca tranquila, cada vez que superaba un combate aparecía el siguiente. Con mis 46 años ahora tengo muchas cicatrices, pero también muchas vivencias y experiencias para manejar las trifulcas de la vida, estoy más cansada, más mayor, pero sigo siendo una buena guerrera y esta vez, también lo volveré a ser, y trataré de hacerlo con una sonrisa. Hay que sonreirle a la vida, porque sabe lo que hace. Porque las pruebas y retos que te pone tienen un por qué, y siempre te enseñan cosas y te curten, y te hacen mejor persona.

El camino de la batalla es duro, por supuesto, te lastima, te deja marcas, pierdes a gente por el camino, te deja traumas en las emociones…, pero también te muestra cómo sanar las heridas, te fortalece, te enseña humildad, deja en tu vida a la gente que sí debe estar, y hace que tus emociones sean más puras y bellas y las asienta. Te hace reflexionar, te produce fe, te hace luchar por el futuro, los sueños, los objetivos, las ganas…

Todo irá bien. ¿Me ayudáis a combatir el miedo?

  • Así que no temas, porque yo estoy contigo;
    no te angusties, porque yo soy tu Dios.
    Te fortaleceré y te ayudaré;
    te sostendré con mi diestra victoriosa. Isaías 41:10

Desde mi jardín ahora mismo:

El primer café de la mañana

El primer café de la mañana

Son las 4:47 de la mañana, y ya llevo un rato en pie. No aguanto la cama, aunque tengo mucho sueño. No aguanto este dolor constante y metálico, que me pinza todo el lado derecho del cuerpo, por lo que me levanto con el lado izquierdo literal, y figurado.

Me preparo despacito el primer café de la mañana en cafetera italiana, porque se me ha estropeado mi preciosa y valiosa cafetera Ascaso de brazo, con la que muelo el café y lo prepara expreso, cremoso, potente, con cafés de especialidad, con un ritual que me hace empezar los días a mi manera favorita. El café es importante para mí, mucho. Y es curioso como en estos momento, simplemente apretar la cafetera italiana me supone un proceso doloroso, pero más doloroso sería para mí no tomar mis cafés, ni realizar mi ritual de «buenos días». Ojalá pronto pueda repararla, o conseguir otra buena máquina, para mí es muy importante.

El café hoy lo tomo en mi rincón del jardín, con banda sonora del despertar de los pajaritos, y de este sábado de reflexión pre-operación. Es un fin de semana de introspección, pues el lunes me enfrento al quirófano, y todo puede ocurrir, y tampoco sé cómo será esta vez el proceso luego. No obstante, no voy a dejar que me pueda el miedo, para nada, aunque debo reconocer que esta vez quizá estoy más cansada, más mayor, más pesada, más frustrada, no sé, pero me está costando un poquito más sacar todo mi optimismo, y esa es precisamente mi reflexión de este fin de semana, la que quiero hacer, puesto que no me está gustando por donde voy en mi estado de ánimo y deseo corregirlo. Quiero ser yo y ser positiva, no esto. Si, a veces es necesario permitirnos flaquear, es humano, es natural, pero ya está, ahora quiero encauzar mi camino y hacerlo bonito de nuevo. Supongo que la diferencia esta vez también es el dolor, puesto que cuando lo sufrí hace 5 años no sentí el mismo nivel de dolor previo y largo, como esta vez, y el dolor y la falta de sueño, no poder dormir, agotan y agrían el carácter. Pero yo no soy así, y no quiero ser así, por lo tanto, este fin de semana voy a aprovechar mis rincones de pensar (como el de la foto de mi casita) para regañarme, para buscarme y encontrarme tal cual quiero ser y afrontar esto: con mi fuerza, con mi sentido del humor habitual, con mi positivismo y con mi manera de ser de buscar siempre la parte bonita de todo, de crear belleza, de transmitir amor. Con mi yo real, no este yo impostor que se me ha colado en el momento.

Perdonad si esta vez me está costando un poquito más.

La guadaña

La guadaña

Se encoge la entraña cuando ves la guadaña. No se acerca, la oyes pasear y murmurar, y no se refleja en el espejo. No quieres que se enoje, que quede lejos, que no acongoje los tormentos ni camine hasta más adentro. Allí está bien, en la distancia, con la mirada rancia, con el va y ven de su silencio. Tras la capucha nos escucha, nerviosa, rencorosa, aguardando el momento donde la prosa torne lamento e impulso y ya no ande, corra al encuentro, y tosas, y le eches un pulso, y sientas muy adentro que estás a su merced en un cuerpo de papel, a su querer, orando por no merecerlo, por no saber, y que se calme en su hacer. No me da miedo, sentir terror no puedo, no debo, no hay honor en querelo, ni espero merecerlo. El miedo paraliza, no es una baliza, es un tormento, no te deja pensar ni respirar, no te deja brillar, y ella lo sabe, y sonríe, inestable. Ella lo huele, lo pide, lo quiere, lo suele, se alimenta de ello y quiere morder tu cuello con impaciencia, con prudencia, sin ciencia. La guadaña se mueve, tiembla, revuelve y siembra. No vendrás, no te acercarás, no podrás, no te temo, no te anhelo, no quiero tu duelo, ni tu consuelo…

El tiempo…

El tiempo…

Dice Tólstoi que los dos guerreros más poderosos son la paciencia y el tiempo.

Nunca he sabido controlar mi paciencia, directamente no tengo, y es una de las cosas que más me ha hecho sufrir en la vida y que menos he aprendido. Y el tiempo, para mi siempre ha sido tan relativo… no tiene sentido ni lógica. Un minuto pueden parecer horas, eterno, una hora puede resultar tan escasa, o, como ahora, dos semanas a la espera de una operación que me quite este dolor y me clarifique mi futuro, que me parecen tan largas por un lado, por la pesadez de la dificultad emocional, por el miedo, y tan poco tiempo como para asimilar y preparar, por otro.

Supongo que el tiempo contesta preguntas, o hace que no importen las respuestas; que es el mejor aliado en cualquier caso. El mejor maestro.

Supongo que lo más valioso que alguien te puede dedicar, es tiempo. Pero ojo, no tenemos poco tiempo, desperdiciamos mucho o ponemos el interés en las prioridades equivocadas. Administrar el tiempo es siempre una cuestión de interés.

El tiempo es el espacio entre nuestros recuerdos. Hay un poema británico, de Linda Ellis, que siempre me ha parecido precioso y muy significativo: The Dash (el guión) y habla de que lo realmente importante en tu lápida es el guión que une las fechas de nacimiento, y muerte.

El tiempo también pone a cada uno en su lugar, la mayoría de veces.

Hay que tener presente que el tiempo es el gran maestro, pero va matando a sus discípulos. La vida no es un ensayo: es la película, y es efímera.

El tiempo todo lo cura, ¿o el tiempo todo locura? Ambas.

Como decía Lennon: la vida es aquello que pasa mientras estamos haciendo otros planes. Cuidado. O como decían los Rolling: El tiempo está de mi lado…

Supongo que siempre está de nuestro lado, porque resuelve, porque coloca, porque ofrece, porque escoge, porque demuestra, porque refleja, porque explica, porque certifica, porque decide, porque guía, porque enseña, porque…

Espero que el tiempo esté realmente de mi lado, que me hayan cogido a tiempo los doctores, que el tiempo de recuperación sea breve, que el tiempo me cure bien, que el tiempo me ayude en todos los sentidos…

Dos años, dos semanas, dos días, dos horas, dos minutos… al final cuenta que es una vida, un corazón, una oportunidad, una misma… un solo tiempo, dure lo que dure.

Encrucijadas y Neuralinks

Encrucijadas y Neuralinks

Cuando una decide hacer públicas estas cosas, contar su historia, se expone a todo tipo de opiniones, percepciones, comentarios, aportaciones, sumas, restas… No obstante, ya lo he dicho muchas veces, mi naturaleza es comunicativa y a mí, contar mis cosas, me ayuda a pesar de siempre ser un arma de doble filo.

Hoy ha ocurrido algo que me ha puesto patas arriba sobre todo, los miedos e inseguridades, y estoy lidiando con ello.

Esta tarde me han llamado de la consulta de mis Dres. Olabe, una persona de su equipo de secretarias. Muy amablemente me ha transmitido que los Dres. le han dicho que debo contratar una nueva tecnología indicada y conveniente para mi caso, aunque no imprescindible, para la intervención de este mismo lunes, que no incluye mi seguro. Tiene un coste muy elevado. No obstante, no me han dado mayor información, solamente un nombre: Neuralink. Como es natural, ha activado mis alarmas, mis miedos, e inseguridades, y he exigido que me llamen los Dres. para informarme como es debido, puesto que es mi vida la que está en riesgo y he de tener toda la información de primera mano, claro. No me han llamado. A raíz de este suceso, he activado mi investigación y comunicación, como siempre, entre mis redes y contactos, para tratar de esclarecer más sobre esta tecnología robótica, y saber si estamos hablando de una mera acción comercial, o realmente es necesaria, vital, conveniente o recomendable. Se trata de una creación de Elon Musk

Agradecida y abrumada por la avalancha de mensajes, y vaya por delante que me siento honrada y halagada de tener tanto tanto cariño y respeto cerca de tantísima gente, he filtrado respuestas profesionales y personales de extrema confianza, aun si perder de vista las demás opiniones.

El tema ha derivado en que tengo una mezcla de emociones nueva, que antes no tenía, puesto que muchas de estas recomendaciones de primer grado ahora me comentan que debería pedir en general una segunda opinión dada la gravedad de mi caso, cosa que ahora me resulta inviable porque no tengo ni capacidad de reacción, ni tiempo, ni tampoco puedo sostener más el dolor y alargarlo. Eso, unido a que los Dres. Olabe me merecen el respeto profesional a su trayectoria y prestigio, que además ya los he vivido una vez en mi anterior episodio hace 5 años, y que son reconocidas eminencias, creo que mantenerme en el camino es lo correcto. Aún así, si que es cierto que ellos ahora generan dudas en su sector que antes no generaban, debido a que tienen un volumen de trabajo desbordado por su reputación y posición, y ahora si se habla de sus «fallos» burocráticos, de comunicación, e incluso técnicos. Obviamente estoy preocupada, con este tema, antes no lo estaba, ayer, pero hoy si. Además, no me parece que hayan actuado con humanidad y solidaridad hacia mi, pues no se han puesto en la piel del paciente en el sentido de que un tema tan complejo y delicado deben comunicarlo ellos directamente, y explicarlo, no a través de una de sus secretarias que carece del conocimiento técnico, profesional y moral para comunicar una cosa así que requiere tamaña decisión. Este hecho me genera dudas potentes, incomodidad, y cierta desconfianza, y eso, agrava incluso mi dolor, pues estoy tensa ahora mismo. Por ello, volviendo a la Neuracosa, o Neuralink, el protocolo que han seguido tampoco me parece adecuado, pues sigo esperando una explicación coherente y clara por parte de ellos sobre una decisión tan importante, y tan costosa.

La verdad, no sé muy bien que hacer, y tampoco tengo mucha energía para ahora luchar un nuevo proceso. Supongo que tendré que confiar, ponerme en sus manos el lunes, y dejarme llevar a lo que tenga que ser.

A veces, levantar la liebre y comunicar abiertamente es lo que tiene, saturación de respuestas contradictorias. ¿Y cómo se filtra esto en una situación tan delicada donde literalmente te juega la vida?

Estoy asustada, si, mucho.

Tirando de hilos cercanos (gracias Juan, mi Pepito Grillo) he conseguido acceder a la máxima autoridad de manejo del Neuralink, y estoy esperando que me de respuesta e información para tomar decisiones.

Con este nuevo vómito de palabras, además de desahogo, solamente pretendo exponer la dificultad de este proceso, mi día a día, para yo sentir que lo saco fuera y también por mi forma de ser, y además, por recabar información vuestra que pueda ayudarme en las decisiones, percepciones, pues la información siempre es poder. Además, reitero que si mis experiencias y vivencias pueden de alguna forma ayudar a otros, es lo que más feliz me puede hacer en el mundo.

¿Neuralink si, o neuralink no? Dios mío, las encrucijadas… ¡Qué difíciles son!

Caminar en el dolor

Caminar en el dolor

Dolor es una gran palabra, que abarca muchas cosas, pero sobre todo, comprende una falta de control que es lo que diría hay que trabajar primero para evitar nuestras propias auto represalias conscientes, e inconscientes, y su desarrollo en positivo.

Porque nuestra batalla por evitar el dolor se convierte muchas veces en un esfuerzo inútil, y eso es muy duro de gestionar. El sentimiento de fracaso en esta lucha contra el dolor nos genera, inicialmente, impotencia y un estado de irritación que influye en nosotros y quienes nos rodean.

Si sufrir dolor nos impide nuestra actividad normal, puede llegar a generarnos un sentimiento de inutilidad y de no ser necesarios para los demás, de una especie de desprestigio y fallo de cara a uno mismo y a la galería, de flaqueza, de frustración y eso es también complicado de digerir. En caso de que nos esforcemos en luchar contra ello para que nada cambie, si combatimos por mantener nuestra actividad y vida socioeconómica por encima de nuestras capacidades, podemos llegar a intentar mantener niveles de actividad similares a los que teníamos cuando no sentíamos dolor y en realidad eso estará muy por encima de nuestras posibilidades actuales, lo cual provocará un incremento de ese dolor, un empeoramiento, y entramos en bucle.

De ahí la búsqueda de reflexión para gestionar el dolor de la mejor manera posible, y desde todas las perspectivas: física, supervivencia, emocional, psicológica, social, económica, e incluso desde el mismo ego.

El dolor paraliza todo, no te permite dormir, no te permite pensar con suficiente claridad, te hace lento y espeso, no te permite relacionarte bien, no te permite prestar atención a casi nada, no te permite comer bien, no te permite estar guapa… y todo ello deteriora el amor propio, la seguridad, la paz, y la perspectiva. El dolor cansa, agota.

La actitud siempre hace mucho, eso está claro, pero resulta difícil potenciar la parte buena del dolor cuándo lo padeces. No obstante, también la tiene, y es muy potente, así que me he propuesto hacer ahora un ejercicio para reflexionar sobre este aspecto del dolor, puesto que intento que todo mi proceso se vaya basando en la parte positiva y eso me ayude a combatir mi momento mejor y con más actitud. ¡Vamos allá!

1· El dolor en primer lugar te ayuda a diagnosticar el problema, a detectarlo e identificarlo. Si no sintiéramos dolor, podríamos no estar a tiempo o empeorar mucho nuestra situación, por lo tanto, el dolor es un agente protector

2· El dolor te hace reflexionar. Provoca una pausa forzada y te hace pensar en ti, y eso bien aprovechado es también bello y necesario.

3· Te muestra tus límites, te da un golpe de humildad, te marca capacidades, y te enseña a combatirlos y superarlos, clarificando fortalezas y debilidades propias. De alguna manera, te pone en posición analítica, tanto racional como emocional, y te hace hacer una especie de DAFO y de plan de gestión de uno mismo y la nueva situación presente, con los matices de nuevos futuros etc.

4· Te muestra otro orden de prioridades mucho más coherente, realista, y te ayuda a ordenarlas en tu pensamiento, emociones y vida.

5· Te muestra mucho más clara la felicidad, y despeja caminos en los senderos de futuro, enseñando mejor lo que no quieres y lo que si, magnificando filtros.

6· Te hace centrarte en el presente y valorarlo más, sentirlo más, observarlo más, beberlo y aspirarlo con entusiasmo.

7· Mejora tus relaciones personales. El dolor hace que tus relaciones sean más comprensivas, empáticas, valoradas, respetuosas, afectivas y maduras. Más necesarias también. Incrementa tu generosidad, la capacidad de pedir perdón, la humildad y ayuda a expresar más el amor. También ayuda en filtrar lo que no suma, lo que daña, o lo que no comulga con los valores o principios de uno mismo en ese sentido.

8· Eleva la bondad y los valores , la empatía, la comprensión, la solidaridad, la compasión…

9· Te hace más maduro, más consciente, más asentado

10· Te enseña a valorar y mirar pequeñas cosas bonitas del día a día, que quizá en la vorágine pasaban desapercibidas y en realidad, conforman la felicidad y el bienestar

11· Provoca un estado de consciencia sensible superior y despierto

12· Motiva a la lucha por superarlo y a los propósitos, pero con cambios reales, pues cuando le ves las orejitas al lobo la cosa cambia de verdad, y esculpe nuevos aspectos de tu persona generalmente más positivos

13· Te hace valorar más a las personas a las que quieres, y que te quieren, y las hace mucho más bonitas

14· Despierta la creatividad, puesto que buscas maneas de distracción mental y ocupación, válvulas de escape

15· Te enseña a pedir ayuda, a dejarte mimar, a dejarte querer, te muestra con humildad que nadie es autosuficiente del todo y que la humanidad es imprescindible y muy potente

16· En mi caso, además, me muestra nueva música, pues es importante en mi mundo y la utilizo también como terapia. La música es una buena medicina para paliar el dolor.

Pasito a paso en mi dolor….

Y me doy cuenta que podía seguir desgranando cosas buenas sobre el dolor, y me parece precioso…