Comparar UCIs y experiencias

Comparar UCIs y experiencias

Sentada aquí, en una fría esquina de una helada habitación de la UCI, y tratando de hacerme a la idea de donde estoy, lo que he vivido de nuevo, y lo que viviré cuando salga de este letargo camuflado por las drogas y las redes sociales que me tiene en una pequeña falsa euforia. Creo que esta vez ha sido mucho mejor y más leve, pero no tanto, veremos mañana en el despertar…

Eso si, una característica muy muy significativa para mi entre esta vez y la anterior aquí en uci es que en la otra mucha gente sufría, y se escuchaban gritos, llantos, sollozos y lamentos. Eso magnificó mucho mi sufrimiento, por empatía, por los demás casi más que por mi misma. Esta vez no es así. El ambiente de momento en la UCI es relajado y ameno, tanto en pacientes como en equipo, y eso marca una enorme diferencia. Se contagia el buen ambiente y las risas, y todos nos sentimos mejor.

Yo estoy mejor, me duele y me siento apaleada totalmente, sigue mi lado derecho del cuerpo resentido y pinzado, las cervicales resentidas y quejándose , y ahora se añade el dolor del corte en la garganta donde me han intervenido. Además, los pinchazos de pruebas de vías, extracciones de sangre, etc. y la vía existente de donde me gotea este estado de ánimo y falsa euforia.

Llevo también medias médicas muy densas y apretadas para evitar trombos, y también son molestas, y dan calor. Estoy incómoda.

Pero en general, todo está fluyendo bien, sigue su curso y soy una paciente ejemplar. Como he publicado a modo de broma en redes:

He conseguido del mercado negro de cosas bonitas de UCI con mis encantos lo siguiente: dos galletas maria (sin azúcar) + me han dejado ir al baño (no cuña) + me han dejado sentarme un rato + un yogurt desnatado + dos de las enfermeras me han contado confidencias sentadas en mi cama y me ha visitado el celador que me ha llevado a quirófano … ¡Soy una crack!

Nos dejan tener el mov, porque el Dr. dice que eso nos ayuda a sentirnos cobijados y recuperarnos mejor. Y tiene razón, me siento mejor con vosotros, con acceso a poder contaros mis aventuras, compartir, y recibir vuestro cariño y apoyo. La verdad es que me siento muy halagada y honrada, abrumada, es precioso recibiros y sentiros conmigo. ¡GRACIAS! No sé si merezco tanto amor, pero es tan bonito….

Desconozco si alguien me lee aquí también, la estadística dice que bastante gente lo hace, pero no se manifiesta nadie. No es que importe, en realidad este es mi diario, mi desahogo, mi saco se boxeo y mi reflexión, y eso es lo más importante.

Pasaré noche en UCI y mañana me moverán a planta. Espero que allí me sienta también bien, pues obviamente la medicación y cuidados menguan y se despiertan los fantasmas aletargados aquí gota a gota, sueño a sueño….

Mañana os cuento….

Estimados señores de la clínica:

Estimados señores de la clínica:

Estimada clínica Rotger y equipo,

Me dirijo a vosotros para tratar de transmitir, desde el agradecimiento y la humildad, también mis miedos con el fin de ser constructiva y quizá poder hacer reflexionar a alguien.

Ponerse una en la piel de paciente no es fácil, de hecho, es una de las cosas más complicadas de la existencia, a mi modo de ver. No solamente pierdes el control absoluto sobre tu vida y tu persona, sino que en ocasiones como la mía actualmente, además lo haces con dolor, por segunda vez, sabiendo lo que viene (eso es un arma de doble filo, en efecto, pero el filo malo es muy malo…).

Haber potenciado y convertido la clínica en puro negocio Quirón no ayuda, yo sigo recordando nuestra Rotger con sus monjitas cariñosas, con si humanidad, cuando llevaban leche con galletas y abrazos, bromas y caricias a mi abuelo y mucha esperanza. Pero no solamente eran las siervas de Dios, que podrían estar justificadas, sino en general. Era como estar en una casa, personal y cálida, que sosegaba el proceso, fuera cual fuera. Ingresar en hospital no suele deberse a algo leve que uno pueda gestionar en la paz de su hogar, siempre es algo más complicado en lo que dependes de terceros y debes ponerte en sus manos.

Ahora el trato es frío, impersonal, pragmático y económico. Y en este lado de la película, eso es terrible y complica mucho nuestra lucha por resaltar una actitud positiva que nos ayude en tremendo proceso.

Señores Rotger, es cierto que su hospital tiene las mejores tecnologías, los mejores especialistas, instalaciones óptimas, mucho equipo humano, buena localización, incluso vistas… Es verdad que ponerse en sus manos es prestigio, es profesionalidad, es resolución, es tranquilidad… Pero necesitamos su humanidad.

Cuando una persona está enferma, dolorida, preocupada, asustada, y tremendamente cansada no puede desplazarse como he hecho yo 7 veces para pruebas y burocracias que podrían resolverse ingresándome unos días antes de mi intervención y realizándolas mientras palian mi dolor, pero claro, yo no sería rentable.

Cuando una persona está angustiada y se rompe en pedacitos con el diagnóstico fatal, como en mi caso, de tener que paralizar su vida y arriesgarla por segunda vez, un gesto, un abrazo, un consuelo cariñoso, un aliento de ánimo no estaría de más, pero claro, enviar un detalle consolador personalizado o humanizar el encuentro es inviable, no sería rentable ni económicamente, ni supongo que objetivamente.

Cuando una persona está en la incertidumbre sobre su propia vida, sobre los procesos, sobre lo que ocurrirá y cómo ocurrirá, sobre el dolor, sobre riesgos y ventajas, sobre incluso sistemas y herramientas que se usarán y su agresividad en el cuerpo y mente, sobre los efectos secundarios… una reunión o carta informativa de aliento y explicación cara a cara cambiaría la percepción de seguridad y confianza, la actitud, pero no sería rentable.

Señores salvadores, yo confío en que me salvarán de nuevo, si, pero podrían salvar también mi presente para mejorar mi futuro, el mío y el de todos los pacientes, porque eso marcaría tremenda diferencia, y les aseguro que, a la larga, les sería mucho más rentable.

Me llamo Marta Bonet, tengo 46 años y muchos sueños, muchos objetivos, muchas ganas de vivir. Soy Marta y tengo mucho sentido del humor, me gustan las personas, soy cálida y comunicativa, soy amor, y así mismo quisiera ser tratada, y sentirme humanamente rentable.

Gracias, atentamente,

Una paciente más.

Caminar en el dolor

Caminar en el dolor

Dolor es una gran palabra, que abarca muchas cosas, pero sobre todo, comprende una falta de control que es lo que diría hay que trabajar primero para evitar nuestras propias auto represalias conscientes, e inconscientes, y su desarrollo en positivo.

Porque nuestra batalla por evitar el dolor se convierte muchas veces en un esfuerzo inútil, y eso es muy duro de gestionar. El sentimiento de fracaso en esta lucha contra el dolor nos genera, inicialmente, impotencia y un estado de irritación que influye en nosotros y quienes nos rodean.

Si sufrir dolor nos impide nuestra actividad normal, puede llegar a generarnos un sentimiento de inutilidad y de no ser necesarios para los demás, de una especie de desprestigio y fallo de cara a uno mismo y a la galería, de flaqueza, de frustración y eso es también complicado de digerir. En caso de que nos esforcemos en luchar contra ello para que nada cambie, si combatimos por mantener nuestra actividad y vida socioeconómica por encima de nuestras capacidades, podemos llegar a intentar mantener niveles de actividad similares a los que teníamos cuando no sentíamos dolor y en realidad eso estará muy por encima de nuestras posibilidades actuales, lo cual provocará un incremento de ese dolor, un empeoramiento, y entramos en bucle.

De ahí la búsqueda de reflexión para gestionar el dolor de la mejor manera posible, y desde todas las perspectivas: física, supervivencia, emocional, psicológica, social, económica, e incluso desde el mismo ego.

El dolor paraliza todo, no te permite dormir, no te permite pensar con suficiente claridad, te hace lento y espeso, no te permite relacionarte bien, no te permite prestar atención a casi nada, no te permite comer bien, no te permite estar guapa… y todo ello deteriora el amor propio, la seguridad, la paz, y la perspectiva. El dolor cansa, agota.

La actitud siempre hace mucho, eso está claro, pero resulta difícil potenciar la parte buena del dolor cuándo lo padeces. No obstante, también la tiene, y es muy potente, así que me he propuesto hacer ahora un ejercicio para reflexionar sobre este aspecto del dolor, puesto que intento que todo mi proceso se vaya basando en la parte positiva y eso me ayude a combatir mi momento mejor y con más actitud. ¡Vamos allá!

1· El dolor en primer lugar te ayuda a diagnosticar el problema, a detectarlo e identificarlo. Si no sintiéramos dolor, podríamos no estar a tiempo o empeorar mucho nuestra situación, por lo tanto, el dolor es un agente protector

2· El dolor te hace reflexionar. Provoca una pausa forzada y te hace pensar en ti, y eso bien aprovechado es también bello y necesario.

3· Te muestra tus límites, te da un golpe de humildad, te marca capacidades, y te enseña a combatirlos y superarlos, clarificando fortalezas y debilidades propias. De alguna manera, te pone en posición analítica, tanto racional como emocional, y te hace hacer una especie de DAFO y de plan de gestión de uno mismo y la nueva situación presente, con los matices de nuevos futuros etc.

4· Te muestra otro orden de prioridades mucho más coherente, realista, y te ayuda a ordenarlas en tu pensamiento, emociones y vida.

5· Te muestra mucho más clara la felicidad, y despeja caminos en los senderos de futuro, enseñando mejor lo que no quieres y lo que si, magnificando filtros.

6· Te hace centrarte en el presente y valorarlo más, sentirlo más, observarlo más, beberlo y aspirarlo con entusiasmo.

7· Mejora tus relaciones personales. El dolor hace que tus relaciones sean más comprensivas, empáticas, valoradas, respetuosas, afectivas y maduras. Más necesarias también. Incrementa tu generosidad, la capacidad de pedir perdón, la humildad y ayuda a expresar más el amor. También ayuda en filtrar lo que no suma, lo que daña, o lo que no comulga con los valores o principios de uno mismo en ese sentido.

8· Eleva la bondad y los valores , la empatía, la comprensión, la solidaridad, la compasión…

9· Te hace más maduro, más consciente, más asentado

10· Te enseña a valorar y mirar pequeñas cosas bonitas del día a día, que quizá en la vorágine pasaban desapercibidas y en realidad, conforman la felicidad y el bienestar

11· Provoca un estado de consciencia sensible superior y despierto

12· Motiva a la lucha por superarlo y a los propósitos, pero con cambios reales, pues cuando le ves las orejitas al lobo la cosa cambia de verdad, y esculpe nuevos aspectos de tu persona generalmente más positivos

13· Te hace valorar más a las personas a las que quieres, y que te quieren, y las hace mucho más bonitas

14· Despierta la creatividad, puesto que buscas maneas de distracción mental y ocupación, válvulas de escape

15· Te enseña a pedir ayuda, a dejarte mimar, a dejarte querer, te muestra con humildad que nadie es autosuficiente del todo y que la humanidad es imprescindible y muy potente

16· En mi caso, además, me muestra nueva música, pues es importante en mi mundo y la utilizo también como terapia. La música es una buena medicina para paliar el dolor.

Pasito a paso en mi dolor….

Y me doy cuenta que podía seguir desgranando cosas buenas sobre el dolor, y me parece precioso…

Burrocracias de una operación

Burrocracias de una operación

En realidad son las 3:40 de la mañana, y no puedo dormir. Es en mi naturaleza responsable tratar de tener todo lo más controlado posible, especialmente lo que afecta a mi alrededor, a las personas que me acompañan, y a las responsabilidades que puedan afectarles. El orden, la coherencia, la disciplina, la responsabilidad, las maneras, e incluso, sin ser religiosa, diría que los mandamientos, forman parte de mi persona y me doy cuenta de que posiblemente soy más racional de lo que siempre he pensado, pues me tengo por un ser pasional y romántica, soñadora tremendamente emocional, que también, pero veo que cuando aflora una situación como esta, de crisis, me aflora la razón y la necesidad de control.

Por eso me está resultando tan difícil, porque esta situación escapa a mi control y no depende de mi en absoluto. No obstante, estoy sacando fuerzas para tratar de organizarme lo mejor posible, en previsión, en orden.

Las «burrocracias» son a veces tediosas y complicadas, más en momentos de dolor donde la razón te paraliza un poco, pero creo importante tratar de tener todo lo más organizado posible a nivel de logística, seguros, trabajo, papeleos, baja, hospital, médicos, compras, casa…

He hecho todo el pre-operatorio lista para que me ingresen lo antes posible, y he comunicado y cursado la baja en la empresa y alertado de la situación actual. He realizado una compra grande de víveres como si se tratara de un confinamiento, que en realidad, lo será, una inversión en que «no falte de nada» una vez tenga que encerrarme con la convalecencia, para facilitar las cosas en mis cuidados, y he avisado a todas aquellas personas de mi entorno importante que considero deben conocer mi estado y ausencia. He limpiado bien mi casa, porque necesito un ambiente sano y armónico, y me planteo solicitar ayuda en ese sentido también en las labores que ya no podré hacer para mantenerlo (esto he de pensarlo y es importante para mi, he de encontrar a la persona que pueda ayudarme en este sentido). Debo comprar un ajuar de pijamas y ropa cómoda para los meses venideros. He recuperado las herramientas que facilitan la comodidad de mi espalda, mantas térmicas, cojines anatómicos, collarín, esterillas calientes, la almohada de plumas blandita que abraza mis cervicales… Tengo que colocar mi coche en un lugar que no moleste, y que pueda estar protegido y recogido, o prestarlo a alguien que le pueda dar uso mientas tanto. Debo cuidar mi dieta, la cortisona me está inflando y el momento de supervivencia hace que mal coma cosas más sencillas de elaborar que quizá no son tan sanas, además de que mi cuerpo y ansiedad ahora piden dulce, golosa por naturaleza, ahora se acrecenta la demanda de chucherías y dulces y mi cuerpo lo nota rápidamente, debo ir con cuidado porque, además, cuánto menos peso más se facilita la operación en todos los sentidos.

Y se hace duro, porque mientras ordeno, tomo consciencia de que voy a volver a vivir de nuevo la dureza de una situación de recogimiento, con todo lo que conlleva, y con la incertidumbre de cuánto tiempo será. La otra vez fue casi un año prácticamente inmovilizada, esta vez lo desconozco.

La parte antropológica de esta situación es también cuanto menos, curiosa. Me fascina observar las diversas reacciones del entorno, en todos los sentidos, los que están, los que no, las maneras de estar, y también mis propias reacciones y cómo estoy yo y respondo. No hay manual de instrucciones, simplemente me permito la licencia de dejarme llevar y sentir, fluir, como puedo, y de recibir. Perdón si no lo hago bien, no me lo tengáis en cuenta, estoy descolocada. Gracias a los numerosos mensajes y apoyos, es tan bonito sentiros. Gracias por todas las cosas que me dais, morales y materiales, estoy abrumada de amor. Toda ayuda es buena, pues se me paraliza la vida y, aunque me creo autosuficiente, no lo soy, y el golpe de humildad es importante y sé que debo dejarme mimar, querer, abastecer, y cuidar, aunque debo reconocer que es una de las partes que más me cuesta, porque estoy acostumbrada a hacerlo al revés, a dar, y a funcionar bastante sola, debo admitir. Pero como estoy en un estado de inercia y una especie de letargo, me dejo llevar, abrazada a mi osito de peluche, y recibiendo todo lo que me dais, que es precioso. Hoy me han traído magdalenas, esponjosas y cariñosas, y cada bocadito hace mejor efecto incluso que la morfina. La magia de la empatía. la magia de las personas que desean que no me falte nada en el proceso, desde un abrazo sentido o mensaje cálido, hasta lo material que ahora no puedo producir. La magia también de las personas que una piensa que están, y no están, y es lícito, y me muestra muchas cosas y dibuja mis filtros, imprescindibles para el amor propio y la tranquilidad, la paz.

Tengo que teñirme el pelo, no puedo operarme con estas raíces canosas. Lo sé ¡qué tontería, pero tan importante!

Amanece, y escucho los pajaritos que se despiertan con el nuevo día. Todo tiene uno color, olor y sonido diferente a estas horas, y es curioso para mi no tener planes más allá de que hoy tengo que ir a la clínica para la entrevista con el anestesista, y con ello concluirán las pruebas de preparar la operación y podré estar lista para cuando tengan a bien realizarla, espero que lo antes posible, porque el dolor empieza a ser insoportable. Ya la morfina y corticoides no lo palian, ni siquiera combinados con algún cigarro de la risa.

No obstante, estoy contenta, porque haberlo vivido ya me ayudará a encajarlo en base a la experiencia. No será igual, nunca puede ser igual, pero hay detalles y cosas que ahora sé, como por ejemplo que necesito rosa de mosqueta para mitigar la cicatriz del cuello que supongo solaparan a la otra, y ya lo tengo encargado. También se que me sentiré muy agradecida cuando salga de quirófano, y que entraré en una especie de trance en le que cada rayito de sol en cada paseo será mucho más brillante, precioso, y cálido. La vida, y el agradecimiento a estar viva.

Suena raro decirlo en voz alta, pero el dolor tiene muchas cosas preciosas, si las sabes mirar, y yo voy a intentar no sólo verlas de nuevo, sino mirarlas todas con extrema atención. Eso es lo que marcará la diferencia en el proceso, y estoy dispuesta a trabajarlo con esta actitud.

Este lienzo me ayudará a mis reflexiones, escribir siempre ha sido parte de mi desde que tengo uso de razón y sé empuñar mi mejor arma: el lápiz. Vomitar palabras y emociones abiertamente es mi manera de ser, con absoluta transparencia. Quizá mis reflexiones también puedan servir a alguien que desee seguirlas, pero, sobre todo, me sirven a mi en mi proceso. Disculpadme si mi manera de ser provoca sensación de demasiada implicación o transparencia, si incomoda a alguien, pero en situaciones así cada uno debe regirse por lo que provoque su personalidad y fluir a su manera, y esta, es la mía. Gracias por comprender.