Cuando un dolor impacta

Cuando un dolor irrumpe, no pide permiso. Entra. Descoloca. Rompe la continuidad de lo que parecía normal y deja al cuerpo, a la mente y al alma en una especie de silencio extraño, en una pausa incómoda, como si todo siguiera girando fuera, pero dentro de ti algo se hubiese detenido de golpe. 

Este impacto puede ser puramente físico: una crisis, un brote, una punzada, una recaída, un diagnóstico o una noche sin descanso. O puede ser emocional: una pérdida, una mala noticia, una culpa que reaparece, un miedo persistente, un fracaso o la sensación de no poder más. La vía de entrada es lo de menos. Cuando el dolor es real, no ocupa solo un espacio; lo transforma todo.

En esta primera fase  de impacto aparecen dos movimientos o reacciones casi inevitables: la irrupción y la negación.

El momento en que algo cae sobre ti , irrumpe, y ya no puedes fingir que nada pasa. El cuerpo deja de ser transparente. La vida deja de obedecer y ser predecible. Lo cotidiano se siente ajeno.

La negación, en cambio, es la primera línea de defensa. Se manifiesta con frases como: “Seguro que se pasa”. “No será para tanto”. “Mañana estaré bien”.. No siempre es una mentira consciente, sino a menudo el mecanismo de la mente para evitar romperse por completo desde el primer momento.

Mi intención no es suavizar el golpe con palabras vacías. Vengo a sentarme cerca, abrir el botiquín y recordarte algo pequeño pero importante: no tienes que entenderlo todo todavía. Primero, respira. Primero, reconoce que ha dolido. Y no te permitas quedarte en la oscuridad. Vamos a empezar a trabajar el dolor, sea el que sea, porque todos los dolores se rigen por las fases del sufrimiento, estas a las que he puesto mis palabras… 

#BotiquínDePelusa #SomosResistencia