Otra cicatriz más…
Dos meses antes de descubrir que me había roto de nuevo tenía un amor.
Uno de esos que era precioso, que me adulaba, que me regalaba palabras tan bonitas y me acompañaba de paseo a las nubes, que nada podía salir mal. Uno de esos a los que yo podía ser yo, y darle, y quererle, con todo lo que soy, con todo lo que doy, con todo lo que quiero.
Y me lo había ganado, a pulso, tras mi última terrible experiencia de traición y mentira, de dolor, me había ganado tener un amor bonito y disfrutar los aleteos de las mariposas.
Estaba pletórica, feliz. Estaba conociendo a una persona bonita. Nos gustaban las mismas cosas, hablábamos mucho, nos comprendíamos y hacíamos planes que iban mucho más allá del fin de semana, planes de vida. Él alentaba mi confianza, mi amor propio, y mi amor ajeno. Juntos empezábamos a ser más invencibles, más bellos, mejores personas.
Nos admirábamos con largas tazas de café o copas de vino en nuestro sofá de un rincón favorito o paseábamos a la deriva por las calles bajo la luz de los farolitos, para parar en algún resquicio a robarnos besos. Idílico.
Hasta que caí enferma, que el amor eterno se fue disipando en la indiferencia, hasta el silencio. Nunca supo si sobreviví o si necesité algo, nunca me apoyó o ayudó en forma alguna, no le importó si me sentía bien o mal, si se me complicó, o si sufría, nunca le interesó acompañarme, simplemente se desvaneció, y las promesas de amor incondicional y la certeza que me aseguraba sentir al haberme encontrado se convirtieron en nada, en medio de mi dolor.
Ya no sé siquiera si me duele más la columna o el corazón, no sé si la morfina ha mitigado también eso, pues ya es solamente una bruma de otro sueño que quiso ser y no fue, de otra promesa vacía más, de otra mentira … nunca comprenderé por qué despertó mi amor, sin intención de amarme.
Me ha obligado a lidiar con un dolor más, otra nueva cicatriz donde la rosa de mosqueta no puede suavizar, un dolor que se suma a mi recuperación, donde tenía que estar lo más fuerte posible, donde necesitaba toda mi energía positiva para sobrellevar mi post operatorio, y él, lo ha complicado.
Las decisiones y actuaciones de las personas crean consecuencias, deberíamos tenerlo en cuenta, la empatía debería formar parte de nosotros y nuestras formas de tratar y de actuar. Los valores y principios deberían considerar las conductas y sus consecuencias, el respeto al prójimo, y a uno mismo. Yo no comprendo estos comportamientos, que están a la orden del día. No entiendo muchos comportamientos sociales presentes, y seguramente hago también muchas cosas mal, pero intento ser coherente en pensamientos, sentimientos, palabras y actos. Intento no dañar a nadie conscientemente, nunca, y mucho menos, cuando ese alguien está en un momento tan frágil.
A pesar de todo, espero que la vida le ayude a encontrar esa coherencia, a pesar de todo, no creo que sea mala persona, solamente un cobarde más.