Mi primer encuentro con #Amasc ha sido mucho más que una simple afiliación; ha sido un auténtico abrazo colectivo.

AMASC #Mallorca es una asociación sin ánimo de lucro que representa y defiende los derechos de las personas con: #Fibromialgia (FM), #EncefalomielitisMiálgica / #SíndromedeFatigaCrónica (EM/SFC), #SensibilidadQuímicaMúltiple (SQM), #Electrohipersensibilidad (EHS).

Ayer asistí a un taller de memoria, en su espacio sencillo y acogedor. Nos reunimos en círculo, y enseguida se notó complicidad en las miradas. Compartimos conversaciones, pusimos sobre la mesa preocupaciones que a menudo resultan difíciles de expresar fuera, y realizamos juegos diseñados para combatir niebla mental.

Sin darnos cuenta, entre risas y desafíos cognitivos, hemos hecho algo mucho más profundo: nos hemos reconocido.

Vivir con una enfermedad crónica e invisible trae consigo soledad no siempre deseada.

Es la consecuencia de no poder mantener el ritmo o de la incomprensión de otros ante la dureza del dolor y cansancio diarios. La incomodidad que generamos nos aísla.

Por eso espacios como Amasc son tan necesarios. Porque no solo acompañan: sostienen, divulgan, defienden, reivindican.

Ofrecen apoyo en lo sanitario, lo psicológico, lo legal, lo social.

Pero, sobre todo, ofrecen algo más difícil de encontrar: empatía real, esa que nace de haber transitado el mismo camino.

La batalla se aligera cuando se comparte. Cuando te rodeas de personas que aceptan tu ritmo, que no trivializan tu sufrimiento y que entienden sin exigir largas explicaciones, sin juzgar. Personas resilientes y cuidadoras que, desde el altruismo, tejen una red imprescindible.

Ayer, durante unas horas, dolor y cansancio quedaron en segundo plano. Me reí. Me sentí parte. Recuperé un trocito de mi yo social, ese que la enfermedad había ido arrinconando sin darme cuenta. Y eso también es terapia.

Amasc es un refugio donde lo invisible se hace visible sin necesidad de justificación, donde el acompañamiento honesto y de cariño es pura complicidad, no condescendencia.

Gracias por demostrarme que el peso compartido se soporta mejor. El dolor, al encontrar un espacio de cariño seguro, se vuelve menos duro.

Mi primer encuentro con AMASC (Asociación Mallorquina de Afectados por Fibromialgia y otras patologías) ha sido mucho más que una simple afiliación; ha sido un auténtico y necesario abrazo colectivo que ha resonado profundamente en mi.

AMASC #Mallorca es una asociación sin ánimo de lucro que se erige como una voz y un escudo para quienes viven con enfermedades crónicas e invisibles. Su misión es representar, defender y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas por: Fibromialgia (FM), Encefalomielitis Miálgica / Síndrome de Fatiga Crónica (EM/SFC), Sensibilidad Química Múltiple (SQM), Electrohipersensibilidad (EHS)

Estas patologías, a menudo incomprendidas y minimizadas por la sociedad, encuentran en AMASC un espacio de reconocimiento y lucha constante, un refugio de comprensión

Ayer tuve el privilegio de asistir a un taller de memoria, una de las muchas actividades que la asociación ofrece en su espacio, sencillo pero profundamente acogedor. Al reunirme en círculo con otros miembros, la atmósfera se cargó instantáneamente de una complicidad palpable. No se necesitaron palabras largas para sentir esa conexión; bastaba una mirada para reconocer el camino transitado.

Compartimos conversaciones que iban más allá de la mera cortesía, como si nos conocieramos de años. Pusimos sobre la mesa preocupaciones que, por su naturaleza íntima y la dificultad de ser verbalizadas a quienes no las viven, a menudo resultan difíciles de expresar en otros contextos. Realizamos entretenidos juegos y ejercicios diseñados específicamente para combatir la temida niebla mental (o brain fog), un síntoma debilitante y frustrante común en muchas de estas dolencias.

Sin darnos cuenta, entre risas genuinas y desafíos cognitivos compartidos, hicimos algo mucho más profundo y vital: nos hemos reconocido. Fue un acto de reafirmación mutua de nuestra realidad: La Soledad del Dolor Invisible

Vivir con una enfermedad crónica e invisible, esa que no se ve pero se siente hasta la médula, trae consigo una soledad no siempre deseada. Esta soledad es la amarga consecuencia de no poder mantener el ritmo frenético de la vida moderna, o de la incomprensión y, a veces, el juicio de otros ante la dureza del dolor y el agotamiento diarios. La incomodidad que nuestra realidad genera en el entorno se convierte en el mecanismo que, sutilmente, nos aísla. En ocasiones las personas más próximas no nos creen, no empatizan, no apoyan, bien porque no saben cómo, bien porque resultamos molestos. Por eso, espacios como AMASC son tan necesarios y urgentes.

No solo acompañan; su labor va mucho más allá: sostienen emocionalmente a sus miembros, divulgan información crucial para generar conciencia, defienden los derechos de los enfermos, reivindican un trato justo y recursos sanitarios adecuado, aconsejan a través de sus experiencias y conocimientos adquiridos…. Ofrecen un apoyo integral: en lo sanitario, lo psicológico, lo legal y lo social. Son un pilar multifacético para una vida que se ha vuelto compleja.

Pero, sobre todo, AMASC ofrece algo mucho más difícil de encontrar y de un valor incalculable: empatía real. Es esa empatía genuina que nace de haber transitado exactamente el mismo camino de dolor, incertidumbre y lucha.

La batalla diaria contra la enfermedad se aligera de una forma extraordinaria cuando se comparte. Es un alivio inconmensurable rodearte de personas que aceptan tu ritmo, sin presionarte a ser quien eras antes; no trivializan tu sufrimiento con frases hechas o consejos vacíos, entienden sin exigir largas y agotadoras explicaciones, sin el peso de la justificación, no juzgan tu necesidad de parar o tu fluctuante estado de salud.

Son personas resilientes, y a la vez cuidadoras, que desde el altruismo y el conocimiento mutuo, tejen una red de apoyo sólida e imprescindible para la supervivencia emocional y física.

Ayer, durante esas pocas horas compartidas, el dolor y el cansancio, que suelen ser protagonistas absolutos, quedaron relegados a un segundo plano, silenciados por la fuerza de la conexión. Me reí, y la risa se sintió sanadora. Me sentí parte de algo, recuperando un trocito de mi yo social, ese que la enfermedad había ido arrinconando lenta e imperceptiblemente. Y eso, sin duda, también es terapia.

AMASC es un verdadero refugio donde lo invisible se hace visible sin necesidad de justificación. Es un lugar donde el acompañamiento honesto y el cariño se manifiestan como pura complicidad, desterrando cualquier sombra de condescendencia.

Gracias, AMASC, por demostrarme que el peso compartido se soporta mucho mejor. El dolor, al encontrar un espacio de cariño seguro, un lugar donde ser simplemente uno mismo sin reservas, se vuelve menos duro y, por un tiempo, incluso se disipa. Gracias por ser buenas personas con los valores y los principios tan bien puestos!