Mi posible diagnóstico, contado desde dentro:
Después de años de dolor y problemas que no encontraba nombre exacto, hoy tengo uno posible: fibromialgia severa.
No es un término fácil de pronunciar ni de llevar, pero por fin explicaría la orquesta desordenada que lleva tanto tiempo tocando dentro de mi cuerpo.
La raíz está clara y documentada:
Todo comenzó con mi primera operación cervical, una intervención difícil que afectó al sistema nervioso y dejó señales que nunca llegaron a apagarse, de hecho, fueron a más. Aquella lesión abrió la puerta a una segunda operación en efecto dominó, y entre ambas se instaló un dolor neuropático persistente, una artrosis cervical crónica y una fatiga que ya no tenía vuelta y un puñado de síntomas y dolencias dispersas y agudización de emociones y sensaciones.
Desde entonces, mi lado derecho —mi mano dominante, mi hombro, mi brazo, mi forma de trabajar y de crear— vive en un estado extraño: hormigueos, debilidad, episodios de parálisis neurálgica, túnel carpiano, rigidez, descargas eléctricas, dolor… Y cada intento de contener ese incendio ha traído otro: meses de cortisona, morfina, pregabalina (lyrica), antiinflamatorios agresivos, duloxetina, árnica, CBD, máquina Tens y diversas terapias… toda una colección de medicamentos y procesos que ayudan, sí, pero también dejan su peaje físico y emocional.
A este escenario parece que se suma ahora la fibromialgia, que no destruye huesos ni órganos, pero sí amplifica todo: el dolor, el cansancio, los estímulos, el sueño, la mente, las emociones, incluso la piel.
Es el sistema nervioso viviendo en “modo alarma” constante, como si cada roce fuese una amenaza, como si cada día fuera demasiado para un cuerpo que ya venía roto desde hace tiempo y que se ha ido quebrando más y más.
La fibromialgia explica:
El dolor que migra sin avisar, la sensibilidad absurda a la presión, al frío o al movimiento, las emociones desbordadas, la fatiga constante y profunda que no se arregla con dormir, el insomnio que me deja rendida antes de empezar, la niebla mental que me roba palabras, el peso emocional de todo lo que llevo intentando sostener, los esfuerzos de recuperación donde cabeza, corazón y físico son totalmente incoherentes entre si.
No escribo esto para caer en la etiqueta ni para provocar lástima. De hecho no pretendo provocar nada ni forzar nada, tan sólo necesito, como siempre, escribir mi diario y vomitar mis miedos, oscuridades y fantasmas, para, de alguna manera, liberar lo negativo y seguir luchando por lo positivo. Me aporta ligereza poder expresarme, siempre. Lo escribo para darle contexto a mi realidad, a mis ritmos irregulares, a mis días imprevisibles, a mis veces de desaparecer sin quererlo, a mis reacciones, a mis estados emocionales, a mi agotamiento, y a los picos de dolores que me paralizan…
Lo escribo para que quien me quiere pueda entender que no es falta de ganas, sino un cuerpo que aprendió a sobrevivir antes que a descansar, y con eso ya tiene mucho trabajo y nada de energía restante para más. No es una cuestión de actitud, sino un problema neurológico especial.
Sigo en tratamiento, acompañada por profesionales, intentando organizar mis piezas con la mayor dignidad posible. No es un final, ni un derrumbe: es un capítulo que explicaría mucho de lo que ha pasado, de los que me ocurre cada día y que me da herramientas para lo que viene. En realidad este pre-diagnóstico me abre un mundo de esperanza: si una sabe lo que tiene, se puede tratar. Yo se que nunca volveré a mi yo de antes, de hecho ya estoy tratando médicamente ese duelo, pero con un camino claro puedo luchar hacia una dirección y alcanzar la mayor dignidad y calidad de vida posible, y antes de esto, estaba a la deriva sin un pazo claro. Por eso, estoy contenta, y por eso quiero indagar más sobre este posible diagnóstico.
No obstante yo no soy solamente mi diagnóstico. Soy alguien que está aprendiendo a vivir dentro de un cuerpo difícil, pero con una voluntad intacta de seguir adelante, paso a paso, sin renunciar a mí misma. Tengo mucho que hacer, que dar, que ofrecer, que amar, y quiero aprovechar esta reconstrucción de mi misma para tratar de aplicar todo lo que estoy aprendiendo a golpes y convertirme en mi mejor versión. Quiero aprovechar y aprender a filtrar, a amar (y amarme), a empatizar, a reforzar mis valores y principios y a tratar de convertirme en mejor persona y con una nueva vida tranquila y serena, y bella. Ese es mi objetivo. No obstante,
La fibromialgia no me define, pero sí me obliga a reescribirme.
A moverme más despacio.
A escucharme más hondo.
Sigo aquí. Con mi cuerpo roto, sí, pero con la voluntad intacta. Ajustando mis ritmos, aprendiendo otra forma de estar, y tratando de volver a mí misma con la mayor ternura posible. Gracias por acompañarme también en esta parte del camino.
El amor que tengo alrededor cobra mucho más valor, se vuelve muy importante saber que hay personas que me quieren, que empatizan, y que son solidarias con mi momento y proceso. ¡Gracias!
INFORME: Qué es la fibromialgia y qué produce
1. Definición
La fibromialgia es un síndrome crónico de sensibilización central, es decir, una condición en la que el sistema nervioso central —cerebro y médula espinal— procesa el dolor y otros estímulos de forma amplificada.
No es una enfermedad autoinmune, ni degenerativa, ni inflamatoria clásica. Su origen está en una alteración de los mecanismos que regulan la percepción del dolor y la respuesta al estrés (sobre todo emocional).En otras palabras:
el cuerpo siente el dolor como si el “volumen” estuviera siempre demasiado alto.
2. Causas y factores desencadenantes
La fibromialgia no tiene una única causa, sino un conjunto de factores que predisponen o desencadenan el síndrome:
Traumas físicos previos (por ejemplo, cirugías, lesiones, accidentes).
Dolor crónico mantenido durante meses/años.
Alteraciones del sueño prolongadas.
Estrés físico o emocional continuado.
Problemas neurológicos o irritación del sistema nervioso.
Cambios estructurales o funcionales en la columna o zonas clave del sistema nervioso.
Susceptibilidad genética o predisposición familiar.
*En tu caso, Marta, encaja perfectamente:
años de dolor cervical neuropático, dos intervenciones quirúrgicas, secuelas, inflamación nerviosa, fatiga acumulada, estrés prolongado y un cuerpo sobreviviendo muy por encima de sus posibilidades y toda la carga emocional de esta situación.
3. Qué ocurre en el cuerpo
Tres sistemas se ven especialmente afectados:
A) Sistema nervioso central
Amplificación del dolor (hiperalgesia).
Dolor ante estímulos que no deberían doler (alodinia).
Mayor actividad de las áreas del cerebro relacionadas con la amenaza.
Reducción de mecanismos inhibidores del dolor (el “freno” no funciona).
B) Sistema nervioso autónomo
Sobreactivación del modo “alerta”.
Dificultad para relajarse, dormir, restaurar energía.
Intolerancia al estrés y a estímulos sensoriales.
C) Eje neuroendocrino e inmunológico
Fatiga severa.
Sensación gripal o inflamatoria sin infección real.
Mayor sensibilidad a cambios de temperatura, olores, luz o ruidos.
4. Síntomas principales
La fibromialgia es un síndrome sistémico. Los síntomas más habituales incluyen:
Dolor
- Crónico
Generalizado o migratorio.
- Cefaleas o dolores profundos de cabeza
- Dolor de mandíbula
- Dolor de lumbares y/o cintura
- Dolor articulaciones
Sensación de quemazón, pinchazos, rigidez o presión.
- Entumecimientos extremidades
Mayor dolor ante estímulos leves: roce, frío, peso, movimientos suaves.
Cansancio extremo
No es el cansancio normal:
es una fatiga profunda, desproporcionada y no reparadora.Alteraciones del sueño
Insomnio y trastornos del sueño
Sueño superficial.
Despertar con sensación de agotamiento.
- Somnolencia durante el día
Dificultades cognitivas (fibro-fog)
Problemas de concentración.
Despistes.
Lentitud mental.
Dislexia suave
- Depresión
- Ansiedad
Hipersensibilidad
Ruidos, luces, olores.
Cambios de clima.
Estrés emocional.
Tacto o presión.
Síntomas neurológicos asociados
Hormigueos.
Entumecimiento.
Sensación de corriente o electricidad.
Temblores finos.
Alteraciones músculo-esqueléticas
Rigidez matutina.
Sensación de inflamación (aunque no haya inflamación real visible).
- Dolor
Otros síntomas frecuentes
Mareos y vértigos.
Problemas digestivos (colon irritable).
Taquicardias o palpitaciones.
Ansiedad reactiva.
Sensación de “cuerpo enfermo” sin enfermedad detectable.
5. Por qué es tan dura
Porque no se ve, pero se siente en cada esquina del cuerpo.
Porque no es lineal: hay días buenos, días aceptables y días en los que simplemente no hay fuerza ni para sostener un vaso.
Porque afecta la energía, la movilidad, la mente, las emociones y la vida social.
Porque obliga a reorganizar la vida entera.No es mortal, pero sí tremendamente limitante. Es frustrante e induce al estado de ánimo bajo y espeso.
6. Diagnóstico
La fibromialgia se diagnostica clínicamente, basándose en:
Historia de dolor generalizado superior a tres meses.
Puntos dolorosos.
Evaluación del sueño, la fatiga y la cognición.
Exclusión de otras enfermedades.
- Diversas pruebas neuronales
No existe una “prueba definitiva”; es un diagnóstico médico fundamentado.
7. Tratamiento
No hay cura, pero sí mejoría significativa cuando se aborda de forma multidisciplinar:
Medicación reguladora del sistema nervioso.
Ejercicio suave y constante.
Fisioterapia especializada.
Terapias manuales de descarga.
Abordaje emocional y psicológico del dolor.
Técnicas somáticas y respiración.
Higiene del sueño.
Dieta antiinflamatoria.
Unidades de dolor (bloqueos, neuromodulación, CBD terapéutico).
Regulación del estrés y de la gestión de emociones.
8. Pronóstico
La fibromialgia no destruye tejidos ni invalida progresivamente. Pero sí exige cambios profundos en el modo de vivir y de cuidarse.
Con el tratamiento adecuado: muchas personas recuperan funcionalidad, estabilidad y calidad de vida.

Hola Marta, soy Carlos Gómez (Pirineos 😉 ) Lo primero mucho ánimo. Tengo muy muy cerca mío alguien con dolor crónico desde casi 10 años y alguna experiencia profesional del pasado que con gusto compartiré contigo por privado. Un abrazo calentito como diría Olaf.
Carlos! Amigo! Gracias por tu comentario y tu cariño. Es muy duro y la soledad es estridente, pues muy poca gente lo comprende y también pocos médicos empatizan. Hablamos un día, será un placer. Te mando un abrazo gordo, gracias Carlos por estar.